La cumbre de Bogotá, celebrada este sábado, reunió a delegaciones de casi noventa países repartidos entre América Latina, el Caribe y África. El encuentro giró en torno a dos ejes fundamentales : el inicio de un diálogo de alto nivel entre ambos continentes y el traspaso de la presidencia pro tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños de Colombia a Uruguay. Un evento histórico, aunque marcado por las profundas tensiones internas que hoy sacuden al bloque.
El debilitamiento interno de la CELAC frente a su apertura hacia África
Lula da Silva lo dijo sin rodeos hace apenas dos meses en un foro organizado por CAF en Panamá : “Nuestras cumbres están vacías, con la ausencia de los principales líderes regionales. La CELAC está paralizada”. El presidente brasileño también advirtió que el avance de la extrema derecha en el continente estaba alejando a los países del organismo. Sus palabras, lejos de ser retórica, describen una realidad que pocos se atreven a nombrar tan abiertamente.
En Bogotá, solo cuatro jefes de Estado estuvieron presentes : Gustavo Petro por Colombia, Luiz Inácio Lula da Silva por Brasil, Yamandú Orsi por Uruguay y Évariste Ndayishimiye, presidente de Burundi y titular de la Unión Africana. Aun así, la mayoría de las delegaciones acudieron con sus cancilleres, lo que otorgó peso diplomático al encuentro.
Una fuente anónima de una de las delegaciones asistentes resumió con precisión la paradoja del bloque : “La CELAC no termina de desaparecer porque sigue siendo necesaria, pero tampoco logra avanzar”. Esta misma fuente señaló que las divisiones ideológicas entre gobiernos de derecha e izquierda no son la causa real del estancamiento, ya que existen intereses compartidos —como la protección de recursos naturales o la conexión con África— que deberían actuar como puente.
Lula también cuestionó la pasividad de organismos internacionales como Naciones Unidas ante un mundo que, según sus palabras, vive la mayor concentración de conflictos desde la Segunda Guerra Mundial. Frente a un auditorio atento, lanzó una pregunta incómoda : “¿Cuándo vamos a reaccionar para no permitir que los países más poderosos se crean dueños de los países más frágiles ?” Y cerró con una frase que resonó en la sala : “Estamos perdiendo el derecho a indignarnos”.
| Jefe de Estado presente | País | Rol en la cumbre |
|---|---|---|
| Gustavo Petro | Colombia | Anfitrión / saliente presidencia pro tempore |
| Yamandú Orsi | Uruguay | Entrante presidencia pro tempore |
| Luiz Inácio Lula da Silva | Brasil | Participante destacado |
| Évariste Ndayishimiye | Burundi | Presidente de la Unión Africana |
Bogotá como punto de encuentro entre dos continentes en busca de voz propia
El mérito de esta cumbre corresponde en gran parte a la vicepresidenta colombiana Francia Márquez, artífice de este primer encuentro de alto nivel entre América Latina y África. Aunque la relación entre ambas regiones ha existido históricamente en el plano cultural y económico, su traducción política siempre fue débil y fragmentada, sostenida casi en exclusiva por Brasil.
Gustavo Petro, que llegó con más de tres horas de retraso, defendió la necesidad de que África y América Latina construyan “su propia identidad para hablarle al mundo” en un contexto marcado por guerras, crisis climática y repliegue del multilateralismo. También apuntó contra Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU., advirtiendo que su discurso puede conducir a una nueva era de conflictos globales.
Para comprender el alcance de este diálogo incipiente, conviene tener en cuenta los temas sobre los que ambas regiones podrían cooperar :
- Seguridad alimentaria y acceso a recursos agrícolas compartidos
- Transición energética y aprovechamiento de energías renovables
- Interconexión regional mediante infraestructuras logísticas
- Lucha conjunta contra el crimen organizado transnacional
- Fortalecimiento del multilateralismo frente a potencias dominantes
Uno de los asistentes habituales a este tipo de foros internacionales lo sintetizó con claridad : “La foto importa porque pone a dialogar a dos regiones en un momento de guerras, tensiones comerciales y repliegue del diálogo internacional”. La CELAC ya había intentado abrirse al exterior con la Unión Europea y con China, pero el acercamiento con África representa una apuesta diferente, más horizontal y menos condicionada por asimetrías de poder.
El nuevo presidente pro tempore, Yamandú Orsi, recibió el mazo y la bandera del organismo de manos de Petro. En su intervención, reivindicó uno de los pocos consensos que aún cohesionan al bloque : “Nuestra región ha logrado algo que no es poca cosa : seguir siendo una zona de paz”. Sin embargo, aclaró que esa paz entre Estados contrasta con una violencia interna alarmante : con solo el 8% de la población mundial, América Latina y el Caribe concentran más del 30% de los homicidios del planeta.
Orsi comprometió la presidencia uruguaya con el avance en áreas clave : seguridad alimentaria, transición energética e interconexión regional. También subrayó la importancia del apoyo internacional para consolidar procesos de paz en la región y llamó a reforzar la cooperación frente al narcotráfico y el tráfico ilícito de armas. El bloque latinoamericano llega a este relevo debilitado por dentro, pero con la mirada puesta en nuevos horizontes. El desafío de Uruguay será convertir esas intenciones en acuerdos concretos.
- CELAC en crisis : Bogotá une a África y América Latina en medio del debilitamiento del bloque - marzo 22, 2026
- Descubrimiento de gas en el Pacífico colombiano : un hallazgo clave para Ecopetrol - marzo 19, 2026
- Segunda línea del Metro de Bogotá : 11 estaciones y 20 minutos de recorrido - marzo 19, 2026


