Agosto de 2026. Colombia estrena presidente y el giro ideológico no podría ser más brusco. Tras cuatro años de experimento izquierdista con Gustavo Petro, los colombianos eligieron a Abelardo de la Espriella, un abogado con olfato empresarial y un discurso que replica, casi calcado, los manuales del movimiento MAGA impulsado por Donald Trump desde Washington. No es casualidad ni coincidencia : es una estrategia probada.
La doctrina Donroe y sus discípulos latinoamericanos
Trump lo llama abiertamente la doctrina Donroe : una relectura actualizada de la histórica doctrina Monroe que reposiciona a América Latina como zona de influencia exclusiva de Estados Unidos. El mensaje es claro. Washington no pretende gestionar socios, sino aliados obedientes. Y el continente, sorprendentemente, responde.
El mapa político latinoamericano de 2026 muestra una concentración de gobiernos alineados con esta visión conservadora que sería impensable hace apenas una década. Nayib Bukele en El Salvador, Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz en Bolivia o el panameño José Ramón Mulino, quien pasó de defender con vehemencia la soberanía del Canal a convertirse en un aliado solícito de Washington en tiempo récord : todos orbitan alrededor del mismo polo magnético.
Las excepciones confirman la regla. Lula da Silva en Brasil camina sobre la cuerda floja para no romper relaciones con Washington sin traicionar su identidad política. Claudia Sheinbaum en México ha demostrado una habilidad inusual para desactivar amenazas arancelarias sin ceder terreno simbólico. Cuba y Nicaragua, por su parte, siguen instaladas en una resistencia numantina que Washington tolera pero no ignora. El resto del continente compite, con mayor o menor disimulo, por ganarse la aprobación del republicano.
| País | Presidente | Alineación con Washington |
|---|---|---|
| Colombia | Abelardo de la Espriella | Alta / doctrina MAGA |
| El Salvador | Nayib Bukele | Alta / modelo carceral exportado |
| Argentina | Javier Milei | Alta / libertarismo radical |
| Brasil | Lula da Silva | Media / equilibrio tenso |
| México | Claudia Sheinbaum | Baja / gestión defensiva |
De la Espriella, el discípulo colombiano del trumpismo
La campaña presidencial de De la Espriella contó con el respaldo explícito de Washington frente al izquierdista Iván Cepeda. Desde el arranque, el líder del movimiento Defensores de la Patria asimiló las tres claves que le funcionaron a Bukele y a Milei : proyectarse como figura “antisistema”, colocar la seguridad ciudadana en el centro absoluto del programa y mantener una postura de mano dura que deja a la izquierda sin espacio. El resultado electoral le dio la razón.
Sus primeras decisiones de gobierno confirman la dirección. Restablece relaciones con Israel, rotas por Petro. Cierra las embajadas de Cuba y Nicaragua, dos países en la mirilla del Departamento de Estado dirigido por el cubanoamericano Marco Rubio. Sobre Venezuela, su posición no deja margen para la interpretación : “Nuestras interacciones con Venezuela serán por la vía de los Estados Unidos de América”. En la práctica, esto significa que antes de llamar a Caracas, el teléfono marca Washington.
El componente religioso tampoco es accidental. Trump construyó dos victorias presidenciales apoyándose en el voto evangélico. De la Espriella replica ese modelo en Colombia, prometiendo convertir al país en una “Patria Milagro” y celebrando un retiro espiritual con todo su gabinete antes de la toma de posesión. Su frase, “Para construir una gran nación hay que poner a Dios en el centro de cada decisión”, podría haber salido perfectamente de un mitin en Carolina del Norte.
Entre las medidas más polémicas ya anunciadas figura la intención de construir megacárceles al estilo salvadoreño, donde recluir tanto a presos comunes como a los migrantes deportados que Estados Unidos envía periódicamente. Frankamente, este punto merece atención : Bukele encarceló a más de 80.000 personas en menos de dos años bajo estados de excepción prorrogados sin control judicial efectivo. Colombia, con una tradición constitucional más robusta, tendrá que explicar cómo encaja eso en su sistema de garantías.
Ruptura simbólica y los cuatro años que vienen
Hay un gesto que resume bien el estilo De la Espriella : rechazó Bogotá como escenario de la transferencia de mando presidencial. Se siente más cómodo en Cali y contempla trasladar allí su residencia oficial. El paralelismo con Trump y Mar-a-Lago no es forzado, el propio entorno del presidente lo usa como referencia. Romper con la capital como centro simbólico del poder es exactamente el tipo de provocación “antisistema” que alimenta su narrativa.
Este giro conservador en Colombia no ocurre en el vacío. El contexto importa : la decepción con el gobierno de Petro fue profunda y medible. Los colombianos no votaron tanto a favor de De la Espriella como en contra de lo que vivieron los últimos cuatro años. Eso es un mandato frágil, aunque parezca contundente.
Vale la pena recordar que Colombia arrastra décadas de inestabilidad institucional. El caso de Álvaro Uribe bajo arresto domiciliario ilustra hasta qué punto el poder en este país tiene límites judiciales reales, incluso para los más influyentes. De la Espriella lo sabe. Sus próximas decisiones determinarán si su alineación con la doctrina Donroe produce resultados concretos para los colombianos o si termina siendo, como tantas veces en América Latina, una apuesta geopolítica que beneficia más a Washington que a Bogotá. Los cuatro años que siguen no dejarán dudas.
El trumpismo latinoamericano tiene hoy más presidentes afines que nunca. La pregunta que nadie responde con honestidad es cuántos de ellos llegaron por convicción y cuántos simplemente leyeron bien el viento.
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