Seis. Ese es el número de glaciares que le quedan a Colombia hoy. A principios del siglo XX, eran catorce. El más reciente en desaparecer es el glaciar de los Cerros de la Plaza, ubicado en el norte del país, cuya extinción fue confirmada oficialmente en marzo de 2026 mediante mediciones satelitales. Su superficie se redujo a cero. No queda nada.
Un glaciar que agonizaba desde el siglo XIX
La desaparición del glaciar de los Cerros de la Plaza no fue un evento repentino. El proceso comenzó hace más de ciento cincuenta años, aunque durante décadas avanzó de forma casi imperceptible. A finales del siglo XIX, este glaciar cubría aproximadamente 5,5 km². Una extensión modesta, pero suficiente para sostener ecosistemas de montaña y alimentar fuentes hídricas locales.
Todo cambió de ritmo a partir de los años 1980. La aceleración fue brutal. Para 2016, la superficie glaciar se había desplomado hasta apenas 0,15 km², menos del 3% de su tamaño original. Desde ese momento, los científicos sabían que el desenlace era cuestión de tiempo. Las imágenes satelitales de marzo de 2026 no hicieron más que certificar lo inevitable.
Este patrón de retroceso acelerado no es exclusivo de los Cerros de la Plaza. Durante el siglo XX, ocho glaciares de baja altitud desaparecieron en Colombia. Cada uno dejó tras de sí ecosistemas alterados, comunidades afectadas y registros que los científicos utilizan hoy para entender lo que viene.
| Período | Superficie glaciar (Cerros de la Plaza) | Glaciares restantes en Colombia |
|---|---|---|
| Finales del siglo XIX | ~5,5 km² | ~14 |
| 2016 | 0,15 km² | ~7 |
| 2026 | 0 km² | 6 |
Por qué los glaciares tropicales colombianos son especialmente vulnerables
El glaciólogo Jorge Luis Ceballos, uno de los investigadores que lleva décadas monitoreando el estado de los hielos colombianos, lo explica con una frase que no deja lugar a interpretaciones : “Lo que nos dicen los glaciares es : este clima no está hecho para nosotros.” Es una advertencia directa, sin rodeos científicos.
Pero el cambio climático global no actúa solo. Ceballos señala que los glaciares tropicales colombianos tienen características que los hacen particularmente frágiles ante las perturbaciones ambientales. Reciben radiación solar intensa durante todo el año, sin las temporadas de baja irradiación que protegen a los glaciares de latitudes más altas. Eso, combinado con la reducción progresiva de las precipitaciones, crea una presión doble sobre masas de hielo que ya son pequeñas y están situadas a baja altitud.
Tres factores clave explican esta vulnerabilidad extrema :
- Radiación solar constante durante los doce meses del año, sin estaciones que frenen la fusión.
- Disminución de las precipitaciones, que reduce el aporte de nieve fresca capaz de compensar el derretimiento.
- Baja altitud relativa, que expone estos glaciares a temperaturas más cálidas que los de otras regiones del mundo.
El parque nacional El Cocuy, uno de los espacios protegidos más emblemáticos de Colombia, alberga algunos de los últimos glaciares del país. Las imágenes captadas allí en abril de 2024 ya mostraban un retroceso inquietante. Lo que ocurre en esas cumbres no es un fenómeno aislado : es el termómetro más visible del deterioro climático en los Andes colombianos.
Menos hielo, menos agua : el impacto concreto sobre los recursos hídricos
Cada kilómetro cuadrado de glaciar que desaparece representa agua que ya no llegará a los ríos, a los cultivos ni a los ecosistemas que dependen de ese flujo constante. La relación es directa y sin matices : menos glaciares equivale a menos disponibilidad hídrica, especialmente durante las épocas de sequía, cuando los deshielos actúan como reservas naturales de emergencia.
Para las comunidades rurales que viven en las laderas de estas montañas, las consecuencias son inmediatas. La agricultura de subsistencia, la ganadería y la biodiversidad de los páramos dependen de un ciclo hídrico que los glaciares ayudaban a regular. Sin ellos, el riesgo de sequías prolongadas aumenta de forma significativa, y los ecosistemas de alta montaña pierden uno de sus pilares fundamentales.
Esta presión sobre el agua no se limita a las zonas rurales. La crisis hídrica que ya vive Bogotá como consecuencia del cambio climático ilustra hasta qué punto la degradación de los ecosistemas de montaña afecta a millones de personas en todo el país.
Para Ceballos, la pérdida del glaciar de los Cerros de la Plaza debe interpretarse como una señal de alarma que exige respuestas políticas concretas. Habla expresamente de la necesidad de reforzar las políticas de conservación de los ecosistemas glaciares y de montaña que aún sobreviven. Francamente, con solo seis glaciares en pie, Colombia no puede permitirse esperar más.
Lo que aún se puede proteger en las cumbres colombianas
Reconocer la pérdida no significa resignarse. Los seis glaciares que todavía existen en Colombia merecen una estrategia de monitoreo y protección mucho más agresiva que la actual. El seguimiento satelital que permitió confirmar la desaparición del glaciar de los Cerros de la Plaza es precisamente el tipo de herramienta que debería aplicarse de forma sistemática y con mayor frecuencia sobre cada masa de hielo restante.
Más allá de los glaciares, los páramos colombianos —ecosistemas únicos en el mundo, con una capacidad excepcional para almacenar y regular el agua— también están bajo presión. Protegerlos no es solo una cuestión ambiental. Es una decisión estratégica para garantizar el suministro de agua a largo plazo en un país que ya empieza a sentir el peso de la escasez hídrica.
El mensaje que lanzan los glaciares colombianos es claro. Ignorarlo sería el verdadero error irreversible.
- Hipopótamos de Escobar : millonario indio propone salvarlos de la muerte - abril 28, 2026
- Perro extraviado en Bogotá : rescate y regreso a casa con PYBA - abril 27, 2026
- Atentado con bomba en Colombia deja al menos 7 muertos y 20 heridos graves - abril 26, 2026


