El herbicida más polémico de la guerra contra las drogas vuelve a sobrevolar los campos colombianos. Después de casi una década de prohibición, las aspersiones aéreas de glifosato sobre plantaciones de coca se reactivan bajo la presión internacional. Este giro inesperado marca un punto de inflexión en la polÃtica antidroga del paÃs andino, que históricamente habÃa criticado este método por sus efectos nocivos sobre las comunidades rurales y el medio ambiente.
La presión de Washington sobre la polÃtica antidroga colombiana
Desde su regreso al poder, Donald Trump ha convertido el combate al narcotráfico en uno de sus ejes prioritarios. Colombia, primer productor mundial de cocaÃna, se encuentra en el epicentro de sus preocupaciones. Según el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDC), el paÃs registró 253.000 hectáreas de cultivos de coca en 2023, cifra récord que alarma a Washington.
El mandatario estadounidense ha señalado directamente a Gustavo Petro como responsable de esta situación. En enero, Trump llegó a amenazar al presidente colombiano con sufrir el mismo destino que Nicolás Maduro, calificándolo de “hombre enfermo que ama producir cocaÃna”. Las tensiones diplomáticas se intensificaron cuando el Tesoro estadounidense incluyó a Petro en la lista Clinton de personas buscadas por narcotráfico. Poco después, Estados Unidos retiró la certificación antidroga a Colombia, privándola de aproximadamente 400 millones de dólares en ayudas anuales.
Según fuentes diplomáticas citadas por El PaÃs, la Casa Blanca impuso la reanudación de las fumigaciones como condición irrenunciable para normalizar las relaciones bilaterales. Durante negociaciones secretas en enero, la delegación estadounidense reiteró esta exigencia ante representantes colombianos que buscaban distender las tensiones. El propio Petro admitió sentir el peso de las amenazas : “Trump me dijo que pensaba hacerle daño a Colombia, que planificaba una intervención militar”, confesó el mandatario colombiano al diario español.
Del rechazo histórico al controversial retorno del herbicida
El cambio de postura del gobierno de Gustavo Petro resulta desconcertante. Durante años, el presidente de izquierda criticó duramente las fumigaciones, promoviendo un enfoque alternativo basado en el desarrollo rural. En 2021, durante su campaña electoral, prometió que “ni una sola gota de glifosato serÃa derramada” bajo su mandato. Esta promesa se alineaba con la decisión de 2015 de la Corte Constitucional, que prohibió las aspersiones aéreas por considerarlas demasiado peligrosas para la salud campesina y el ecosistema.
Ana MarÃa Rueda, experta en polÃticas de drogas de la Fundación Ideas para la Paz, califica la situación como “una enorme decepción”. Para la especialista, el discurso y la acción del gobierno se han vuelto totalmente contradictorios. “Nunca pensamos que esto regresarÃa con Petro”, confiesa Juan, campesino cocalero del Putumayo que prefiere no revelar su apellido por seguridad.
Las autoridades colombianas intentan diferenciar el nuevo programa del anterior. Esta vez, las pulverizaciones se realizarán mediante drones a 1,5 metros de altura sobre las plantas de coca, no con aviones. Sin embargo, estas precisiones técnicas no tranquilizan a las comunidades afectadas. Carlos Buitrón, lÃder de la asociación campesina Ascamta en Argelia, primera comuna seleccionada para las fumigaciones, cuestiona estas garantÃas : “El gobierno dice que con drones las aspersiones estarán mejor controladas, pero ¿qué nos lo garantiza ?”
| PerÃodo | Hectáreas de coca | Método empleado |
|---|---|---|
| 2000 | 163.000 | Fumigación aérea intensiva |
| 2013 | 48.000 | Aspersiones con aviones |
| 2015-2023 | 253.000 | Erradicación manual |
Consecuencias sociales y ambientales ignoradas
Los recuerdos de las fumigaciones masivas durante el Plan Colombia siguen vivos en las zonas rurales. Entre 2000 y 2015, millones de litros de glifosato llovieron sobre las colinas colombianas con resultados cuestionables. “Incluso veinte años después, nada crece en ciertas parcelas”, relata Buitrón, quien también menciona los miles de desplazados y los problemas de salud persistentes entre los habitantes.
Como agricultor que cultiva entre tres y cuatro hectáreas de coca para sostener a su familia, Buitrón advierte sobre los daños colaterales del herbicida : “El glifosato destruye la coca, pero también el cacao, el plátano… Destruye todo”. Para Rueda, en Colombia el uso del glifosato representa un trauma comparable al de la guerra antidroga que Trump impulsa en el Caribe entre el Estado y los grupos armados.
Las evidencias históricas muestran limitaciones claras de esta estrategia. Aunque las aspersiones redujeron 75% los cultivos ilÃcitos entre 2000 y 2015, los grupos armados siguen activos y la producción de cocaÃna alcanza cifras récord. Los campesinos adaptaron sus prácticas y reubicaron los cultivos en otras zonas, perpetuando el ciclo.
¿Estrategia antidroga o control geopolÃtico ?
La efectividad real de estas medidas genera dudas fundadas entre especialistas. Si las fumigaciones no resuelven el problema a largo plazo, ¿por qué Washington insiste tanto en su aplicación ? La respuesta podrÃa encontrarse en objetivos geopolÃticos más amplios que en una genuina voluntad de combatir el narcotráfico.
Camilo González Posso, director del Instituto Indepaz, sugiere que los promotores estadounidenses tienen preocupaciones geopolÃticas que disimulan detrás de un discurso antidroga puramente retórico. Esta interpretación encuentra eco en las operaciones militares recientes en el Caribe, cuya eficacia para combatir el narcotráfico ha sido ampliamente cuestionada por analistas que las ven más como maniobras para reafirmar el dominio estadounidense en el hemisferio.
Rueda enfatiza que erradicar sin alternativas económicas condena al Estado a pulverizar indefinidamente :
- Las consecuencias devastadoras para la salud de las comunidades rurales
- Los impactos ambientales irreversibles en ecosistemas frágiles
- La ausencia de programas de desarrollo rural sostenible
- La perpetuación de la dependencia económica hacia la coca
Sin abordar las raÃces sociales y económicas del problema, la estrategia resulta insostenible. Mientras tanto, con glifosato o sin él, la coca continuará creciendo en los Andes colombianos, alimentando un ciclo que parece no tener fin.
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