El 9 de febrero de 1979, cuando Diego Armando Maradona descendió del avión en el aeropuerto de Cali, nadie imaginaba que aquella escala de tres horas marcaría el inicio de una relación turbulenta entre el astro argentino y Colombia. Con apenas 18 años, el crack de Argentinos Juniors llegaba ataviado con elegancia : melena rizada, botas de cuero y corbata roja. Los periodistas lo rodearon inmediatamente, ávidos de palabras del jugador que la prensa ya catalogaba como “la futura estrella del fútbol mundial”. El joven talento, consciente de su destino, declaró sin miedo : “No le temo a la fama”. Aquella gira por territorio colombiano, aparentemente rutinaria, escondía entre bambalinas negociaciones que vincularían al futuro campeón del mundo con uno de los carteles más poderosos de la historia.
El circo mediático y los primeros pasos en suelo colombiano
Desde sus inicios profesionales en 1976, Diego Maradona generaba tumultos allá donde iba. Su compañero de equipo Silvano Espindola recordaba con asombro cómo el adolescente provocaba “disturbios aterradores” en cada aparición pública. Los restaurantes, hoteles y estadios se convertían en escenarios de auténticas euforia colectiva. Para escapar de aquella presión asfixiante, Argentinos Juniors organizaba constantes giras internacionales que reportaban sumas considerables para la época.
Durante aquella visita a Colombia, cada exhibición del crack aportaba 33.000 dólares a las arcas del club porteño, aproximadamente 120.000 euros al cambio actual. El desgaste era brutal : disputar un partido dominical en Buenos Aires, tomar un avión nocturno hacia México o Chile, jugar el martes y jueves, y regresar de inmediato. “Nunca veía a mi familia”, lamentaba Espindola, testigo directo de aquella vorágine incesante que marcaba el precio de la gloria.
En el terreno de juego, el virtuoso argentino dejó su sello indeleble con actuaciones magistrales. Anotó un gol contra Bucaramanga (1-1), dos ante el América de Cali (2-3) y cuatro frente al Deportivo Cúcuta (5-1). Tras su primera presentación, el artista advirtió con confianza : “Colombia aún no ha visto al verdadero Maradona”. Las crónicas posteriores confirmarían aquella profecía, calificando sus siguientes actuaciones en el Estadio Pascual Guerrero como “interpretaciones divinas”.
El encuentro secreto con el mundo del narcotráfico
El 13 de febrero de 1979, en el primer piso del restaurante Mediterráneo de Cali, se produjo un encuentro que cambiaría el curso de esta historia. Miguel Rodríguez Orejuela, cofundador del temible Cartel de Cali, compartió mesa con Diego Maradona en lo que aparentaba ser una simple comida de cortesía. Entre las diez personas presentes se encontraban dirigentes de ambos clubes, sin que la mayoría supiera la verdadera identidad del anfitrión, presentado como un próspero empresario local.
Rodríguez Orejuela, un hombre de rostro severo y desgastado, manejaba junto a su hermano Gilberto un imperio criminal que la DEA calificaría posteriormente como “la corporación delictiva mejor organizada y financiada de la historia”. Su especialidad era la producción y exportación de cocaína hacia Estados Unidos, con beneficios anuales estimados en 4.000 millones de dólares durante los años noventa. Oficialmente, solo era un “accionista” del América de Cali, aunque diversos testimonios revelan su papel determinante en la transformación del club.
| Fecha | Evento | Resultado |
|---|---|---|
| 9 febrero 1979 | Bucaramanga vs Argentinos | 1-1 (1 gol Maradona) |
| 11 febrero 1979 | América vs Argentinos | 3-2 (2 goles Maradona) |
| 14 febrero 1979 | Cúcuta vs Argentinos | 1-5 (4 goles Maradona) |
El mediodía transcurrió entre carnes selectas y conversaciones aparentemente triviales sobre fútbol. Sin embargo, Giuseppe Sangiovanni, entonces presidente del América, reconoció años después que se discutió la posibilidad de contratar al genio argentino. La oferta inicial alcanzaba el millón de dólares, cifra astronómica para 1979, que incluía vivienda y automóvil. Aunque algunos testigos aseguran que las conexiones del club con el narcotráfico ya eran evidentes, la mayoría desconocía quién financiaba realmente aquella propuesta millonaria.
El otro gol del siglo y las negociaciones frustradas
Un año después, en febrero de 1980, Maradona regresó a Colombia como flamante campeón mundial juvenil. Durante aquel viaje anotó un triplete memorable contra el Deportivo Pereira (4-4), destacando especialmente su segundo tanto, conocido en Colombia como “el otro gol del siglo”. La jugada, tremendamente similar a su obra maestra contra Inglaterra en el Mundial 1986, comenzó desde mediocampo con un giro vertiginoso y finalizó tras eliminar a cinco rivales y al portero.
Álvaro Muñoz Castro, testigo presencial entre los 25.000 espectadores, consideraba aquella acción como “el gol más hermoso de su carrera”. El propio Maradona confesaría décadas después a su confidente Cherquis Bialo que encontraba aquella conquista superior incluso a su célebre tanto ante los ingleses. La grabación de baja calidad, exhumada recién en 2013, perpetuó para la historia aquel momento de genialidad absoluta.
Según Fernando Rodríguez Mondragón, sobrino de Miguel Rodríguez Orejuela, durante aquella visita se produjo un segundo encuentro en la lujosa villa del capo narco en Ciudad Jardín. La mansión, equipada con los siguientes elementos de lujo, dejó al argentino boquiabierto :
- Piscina olímpica con cascada artificial
- Cancha de tenis privada y pista de bowling
- Discoteca personal completamente equipada
- Garaje repleto de Mercedes y BMW último modelo
- Vestidores “gigantescos” con ropa de marca
Durante el almuerzo, servido con langosta y los mejores cortes de carne, Rodríguez Orejuela lanzó su propuesta definitiva : 100.000 dólares mensuales por un préstamo temporal durante la Copa Libertadores. Una suma estratosférica que hizo enrojecer al joven crack, quien prometió consultar con sus representantes antes de responder.
El legado de una relación imposible
Las negociaciones nunca prosperaron. Las versiones sobre el fracaso del traspaso se contradicen entre quienes culpan al entrenador Gabriel Ochoa Uribe por temer que Maradona “perdiera la cabeza en una ciudad como Cali”, y quienes argumentan que el mercado europeo ofrecía garantías imposibles de igualar. El agente Carlos Quieto aseguraba que si hubiera estado presente en las conversaciones, el fichaje se habría concretado, pues el jugador aún era “pobre” y la oferta resultaba tentadora.
En 1983, el ministro de Justicia colombiano Rodrigo Lara Bonilla destapó públicamente que seis de los catorce clubes profesionales del país estaban controlados por narcotraficantes vinculados al comercio multimillonario de cocaína y marihuana. El América de Cali figuraba en aquella lista negra. Los hermanos Rodríguez Orejuela fueron arrestados en 1995 y extraditados a Estados Unidos una década después, dejando atrás 1.214 propiedades solo en Cali.
La relación entre Maradona y Colombia continuó hasta el final. En 2018, ya retirado y deteriorado físicamente, el astro mostró interés por dirigir al América como entrenador. Tulio Gómez, entonces accionista mayoritario, rechazó la propuesta por considerarla demasiado arriesgada para un club recién salvado de la desaparición. Meses después, Diego encontraría su último desafío en México, entrenando a los Dorados de Sinaloa, curiosamente ubicados en territorio del Cartel de Sinaloa liderado por “El Chapo” Guzmán.
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