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Profesional trabajando en laptop con iconos digitales hologrƔficos

Colombia lleva mĆ”s de cinco dĆ©cadas atrapada en la misma lógica : perseguir al eslabón mĆ”s dĆ©bil de la cadena mientras el negocio del narcotrĆ”fico prospera. En 2023, el paĆ­s registró 230.000 hectĆ”reas de coca cultivadas, segĆŗn el informe anual de la UNODC — una cifra rĆ©cord que desmonta cualquier narrativa triunfalista sobre la guerra contra las drogas. El presidente Gustavo Petro no se anduvo con rodeos al declarar ante la ONU que el sistema prohibicionista ha fracasado. No fue retórica polĆ­tica : fue el diagnóstico de un paĆ­s que lleva dĆ©cadas pagando el precio mĆ”s alto.

El prohibicionismo en Colombia : dĆ©cadas de polĆ­tica sin resultados

La estrategia antidrogas colombiana moderna arranca formalmente en los aƱos ochenta, impulsada en gran medida por presión de Washington. La lógica era simple : destruir los cultivos, encarcelar a los traficantes y el problema desaparecerĆ­a. Cuarenta aƱos despuĆ©s, los datos cuentan una historia radicalmente distinta.

El Plan Colombia, lanzado en el aƱo 2000 con una financiación inicial de 1.300 millones de dólares por parte de Estados Unidos, apostó masivamente por la fumigación aĆ©rea con glifosato y la erradicación forzada. Los cultivos de coca se redujeron temporalmente, sĆ­. Pero el fenómeno conocido como efecto globo —cuando la producción se desplaza a otra región o paĆ­s— demostró que la estrategia era, en el mejor de los casos, una solución cosmĆ©tica.

Paralelamente, las comunidades rurales que dependĆ­an de la coca para subsistir no recibieron alternativas económicas reales. El Estado llegó primero con herbicidas y despuĆ©s, muy tarde o nunca, con inversión productiva. Esta secuencia no es un accidente : revela una prioridad polĆ­tica que privilegia la presión exterior sobre el bienestar interior.

AƱo HectƔreas de coca (miles) Estrategia dominante
2000 163 Fumigación aérea masiva
2012 48 Erradicación manual y aspersión
2018 169 Reinicio fumigación + acuerdos de paz
2023 230 Debate sobre regulación vs. prohibición

La tabla habla por sí sola. Cada vez que las cifras bajaban, la celebración era prematura. Frankamente, seguir apostando por el mismo modelo esperando resultados distintos es una definición bastante precisa de algo que no funciona.

Fumigación, glifosato y el retorno de las viejas recetas

El debate sobre el glifosato regresó con fuerza en 2024 y 2025. Después de que la Corte Constitucional colombiana suspendiera las fumigaciones aéreas en 2015 por sus efectos sobre la salud humana, el gobierno de IvÔn Duque intentó reactivarlas sin conseguirlo plenamente. Ahora, con tecnología diferente, Colombia retoma la fumigación de coca con glifosato usando drones de baja altura, una modalidad que sus defensores presentan como mÔs precisa y menos dañina.

ĀæMĆ”s precisa ? QuizĆ”s. ĀæSuficiente para cambiar el fondo del problema ? Eso es otra cuestión. Las organizaciones campesinas del Putumayo y NariƱo advierten que los efectos sobre los cultivos de pancoger y la contaminación de fuentes hĆ­dricas siguen siendo una preocupación real, independientemente de la altura del vuelo.

Lo que ningĆŗn drone puede resolver es la ausencia del Estado en territorios donde la coca es la Ćŗnica economĆ­a viable. Mientras no existan carreteras, mercados accesibles y alternativas de ingreso dignas, el cultivo de coca seguirĆ” siendo la decisión mĆ”s racional para miles de familias. No es un juicio moral : es economĆ­a bĆ”sica.

  • Destrucción de cultivos de subsistencia por deriva del herbicida
  • Contaminación de rĆ­os y fuentes de agua potable
  • Desplazamiento de comunidades indĆ­genas y campesinas
  • Rebrote de cultivos en zonas erradicadas en menos de 18 meses
  • Ausencia de programas de sustitución sostenibles a largo plazo

Estos efectos documentados no son hipotéticos. Los recoge la Defensoría del Pueblo colombiana en múltiples informes. Ignorarlos para mantener una apariencia de acción es política de escaparate.

Hacia un modelo diferente : regulación, salud pĆŗblica y soberanĆ­a

La discusión sobre alternativas al prohibicionismo ya no es marginal. Uruguay legalizó el cannabis en 2013. Portugal despenalizó el consumo de todas las drogas en 2001, y hoy su tasa de mortalidad asociada a sobredosis es una de las mÔs bajas de Europa. Estos modelos no son perfectos, pero ofrecen datos reales sobre qué ocurre cuando el Estado decide tratar el consumo de drogas como un problema de salud pública y no como un delito.

En Colombia, el debate interno avanza con dificultad. El gobierno Petro propone una política de drogas que priorice la salud comunitaria, la sustitución concertada y la no estigmatización del consumidor. Sus críticos argumentan que esto equivale a capitular ante el narcotrÔfico. Pero confundir la regulación inteligente con la permisividad ciega es, precisamente, el tipo de pensamiento binario que ha bloqueado el debate durante décadas.

Para el campesino cocalero del CaquetĆ”, la discusión ideológica en BogotĆ” o Washington importa mucho menos que tener acceso a crĆ©dito, a un mercado justo y a servicios bĆ”sicos. Cualquier polĆ­tica de drogas que no ponga eso en el centro estĆ” condenada a producir los mismos titulares de siempre : rĆ©cord de hectĆ”reas, rĆ©cord de incautaciones, y el problema sin resolver.

Si algo queda claro después de cinco décadas, es que medir el éxito por toneladas incautadas o hectÔreas fumigadas es elegir los indicadores equivocados. El verdadero indicador debería ser el bienestar de las comunidades afectadas y la reducción real del daño social asociado al narcotrÔfico. Hasta que eso no cambie, seguiremos leyendo los mismos informes con fechas distintas.

Luis RodrĆ­guez
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