Polarización electoral en Bogotá : norte vs sur en 2026

Comparación entre ciudad moderna ordenada y barrio popular densamente poblado

Bogotá no votó como una ciudad unida el 1 de junio de 2026. Votó como dos ciudades distintas, casi irreconciliables, superpuestas en el mismo mapa. Los resultados de la primera vuelta presidencial entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella lo confirman con una nitidez que incomoda : la capital colombiana reproduce, barrio a barrio, estrato a estrato, una fractura política tan profunda como su desigualdad socioeconómica.

El mapa que habla por sí solo : norte y sur con lógicas opuestas

Quien observe el mapa electoral de Bogotá tras la primera vuelta de 2026 identifica el patrón de inmediato. El norte votó masivamente por De la Espriella, el candidato de derecha. El sur, históricamente popular y de estratos bajos, se decantó con claridad por Cepeda, el candidato de izquierda. No es una tendencia nueva, pero esta vez los datos la profundizan hasta un nivel difícilmente ignorable.

Lo que sorprende no es la división en sí, sino su precisión geográfica. La línea imaginaria que separa ambos proyectos políticos coincide, casi milímetro a milímetro, con los límites entre estratos. Localidades como Usaquén, Chapinero y Suba norte —zonas de estratos 4, 5 y 6— consolidaron su preferencia por la derecha con porcentajes que superan el 60%. Al otro extremo, Ciudad Bolívar, Usme y Rafael Uribe Uribe entregaron sus votos a la izquierda con una contundencia similar.

Este fenómeno tiene nombre en la literatura política colombiana. El investigador Yann Basset, en su estudio Votos y Estratos, ya había documentado la correlación creciente entre posición socioeconómica y preferencia electoral en las grandes ciudades del país. Lo que ocurrió en Bogotá el 1 de junio no hace sino confirmar y ampliar esa tesis con datos frescos y más extremos.

Zona / Localidad Estrato predominante Candidato más votado Tendencia política
Usaquén 5-6 De la Espriella Derecha (con isla Cepeda)
Ciudad Bolívar 1-2 Cepeda Izquierda
Chapinero 4-6 De la Espriella Derecha
Usme 1-2 Cepeda Izquierda
Sumapaz Rural De la Espriella Derecha (isla inesperada)

Las islas electorales : anomalías que merecen atención

Ningún mapa político es perfectamente homogéneo. Bogotá también tiene sus islas electorales, esas zonas donde el resultado rompe la tendencia dominante del entorno y obliga a matizar el análisis.

El caso más llamativo ocurrió en Usaquén, la localidad del nororiente bogotano asociada a los estratos más altos de la ciudad. Pese a su perfil socioeconómico, algunos sectores internos registraron victorias puntuales para Cepeda. ¿Qué explica esto ? Probablemente la presencia de zonas con estratos más bajos dentro de una localidad que no es monolítica, más la influencia de una juventud urbana que no vota según el bolsillo.

Al sur, la situación se invirtió en Sumapaz. Esta localidad rural, la más extensa de Bogotá en superficie pero con apenas unos pocos miles de habitantes, dio la victoria a De la Espriella. Un resultado que desafía la narrativa simple del voto de clase y recuerda que en contextos rurales, las dinámicas locales —relaciones clientelares, liderazgos comunitarios, historia del conflicto— pesan tanto o más que la posición en la escala social.

Estas excepciones no invalidan el patrón general. Lo enriquecen. Identificar dónde se rompe la tendencia es tan valioso como confirmarla, porque ahí está la clave para entender qué otros factores moldean el voto más allá del estrato.

Entre los elementos que explican las islas electorales destacan :

  • La heterogeneidad interna de algunas localidades con múltiples estratos conviviendo
  • El peso de liderazgos políticos locales con arraigo independiente del candidato presidencial
  • La influencia de comunidades migrantes con lógicas de voto propias
  • La movilización diferenciada de jóvenes votantes en zonas universitarias

Voto de clase y polarización : ¿qué dice esto sobre Bogotá ?

Que el 65% de los votos capitalinos se concentraron en estos dos candidatos es ya una señal de la profundidad de la polarización. Pero lo verdaderamente revelador no es el porcentaje, sino su distribución geográfica. Bogotá no está dividida entre personas con ideas distintas mezcladas por toda la ciudad : está dividida en territorios casi impermeables entre sí.

Esto plantea una pregunta incómoda sobre la vida urbana. Una ciudad que se presenta como referente de modernidad y diversidad —y que a menudo se compara con otras grandes urbes colombianas en términos de calidad de vida, como puedes ver en este análisis sobre Bogotá vs Medellín : cuál es la mejor ciudad para vivir, trabajar y disfrutar en Colombia— muestra con sus datos electorales una segregación que va mucho más allá del espacio físico.

Para mí, el diagnóstico es claro : el voto de clase en Bogotá no refleja solo preferencias ideológicas, sino experiencias de vida radicalmente distintas. Quien crece en Ciudad Bolívar sin acceso a salud de calidad ni transporte digno no vota igual que quien vive en Chicó con tres opciones de colegio privado a tres cuadras. No es irracionalidad política; es racionalidad perfecta frente a realidades opuestas.

El reto para quien gane la segunda vuelta no será solo sumar votos. Será gobernar para una ciudad que, según los datos del 1 de junio de 2026, se mira con desconfianza desde sus propios extremos geográficos. Tender puentes entre ese norte y ese sur no es retórica electoral : es la única forma de que Bogotá funcione como una ciudad y no como dos.

María Gómez
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