Colombia rechaza ayuda internacional por razones polĂ­ticas

Funcionario pronuncia discurso oficial ante audiencia en salĂłn elegante

El lunes 10 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7,4 sacudiĂł el oeste de Colombia, dejando un balance devastador : 281 muertos, cerca de 4.000 heridos y 379 personas aĂşn desaparecidas. Cinco dĂ­as despuĂ©s, los equipos de rescate siguen rastreando los escombros, aunque las probabilidades de encontrar sobrevivientes se reducen hora a hora. Lo que comenzĂł como una tragedia natural se ha convertido tambiĂ©n en una crisis polĂ­tica, porque la forma en que el gobierno del presidente Abelardo de la Espriella ha manejado la ayuda internacional genera una polĂ©mica que no para de crecer.

Un desastre que convocĂł solidaridad mundial

Desde Chile hasta Qatar, pasando por la India y la República Checa, los mensajes de apoyo llegaron en cascada pocas horas después del sismo. La solidaridad internacional fue inmediata y masiva. Sin embargo, a partir del martes 11 de agosto, el gobierno colombiano empezó a mostrar una lentitud inexplicable para canalizar esa ayuda.

Las Naciones Unidas declararon estar listas para movilizar recursos, aunque Bogotá no habĂ­a formulado ninguna solicitud formal. MĂ©xico y China adoptaron una postura similar. El embajador chino en Colombia llegĂł a pedir pĂşblicamente el establecimiento de un canal urgente de coordinaciĂłn para la asistencia internacional, sin recibir respuesta inmediata. No es un detalle menor : cada hora perdida en esas negociaciones es una hora menos de posibilidades de vida para los desaparecidos.

El martes por la noche, el presidente salvadoreño Nayib Bukele anunció el envío de 51 toneladas de ayuda humanitaria. Al día siguiente, la administración Trump también comunicó el despacho de equipos de rescate y materiales de emergencia hacia Colombia. La respuesta de otros gobiernos fue rápida. La del gobierno colombiano, mucho menos.

Ayuda sĂ­, pero solo de ciertos paĂ­ses

AquĂ­ está el nĂşcleo del escándalo. El gobierno de De la Espriella, identificado con la extrema derecha, formalizĂł solicitudes de apoyo a cuatro paĂ­ses especĂ­ficos : Estados Unidos, El Salvador, Ecuador e Israel. ÂżEl denominador comĂşn ? Todos están gobernados por la derecha o la extrema derecha. El responsable de las operaciones de rescate, David Tamayo, lo justificĂł con una declaraciĂłn que levantĂł cejas en toda la regiĂłn : “Solo aceptaremos el apoyo de paĂ­ses que puedan garantizarnos equipos de bĂşsqueda y rescate reconocidos por el sistema internacional.”

El problema es que MĂ©xico, gobernado por un ejecutivo de izquierda, tiene precisamente una de las brigadas de rescate más acreditadas del planeta. La presidenta Claudia Sheinbaum no ocultĂł su sorpresa : “La brigada está certificada, pero pidieron otra certificaciĂłn. Ha operado en 98 paĂ­ses. Ahora le corresponde al gobierno colombiano decidir si la necesita.” Esa brigada mexicana fue bloqueada en la frontera, sin autorizaciĂłn para entrar a Colombia.

El patrĂłn resulta difĂ­cil de ignorar. Veamos quĂ© paĂ­ses recibieron respuesta positiva y cuáles no :

PaĂ­s OrientaciĂłn polĂ­tica Respuesta del gobierno colombiano
Estados Unidos Derecha (Trump) Solicitud formal aceptada
El Salvador Derecha (Bukele) Solicitud formal aceptada
Israel Derecha Solicitud formal aceptada
México Izquierda (Sheinbaum) Brigada de rescate bloqueada
Brasil Izquierda (Lula) Oferta rechazada segĂşn oposiciĂłn
China Sin clasificaciĂłn occidental Canal de coordinaciĂłn ignorado

Francamente, cuando el mapa de la ayuda aceptada coincide punto por punto con el mapa de los aliados ideolĂłgicos de un gobierno, la casualidad deja de ser una explicaciĂłn convincente.

El gobierno niega, la oposiciĂłn exige cuentas

Ante la presiĂłn de la prensa y de sectores de la sociedad civil, el canciller Omar Bula saliĂł a desmentir las acusaciones. “No hemos rechazado las propuestas de ayuda de ningĂşn paĂ­s”, afirmĂł, añadiendo que Colombia trabaja “con todos los paĂ­ses sin ninguna consideraciĂłn ideolĂłgica o polĂ­tica.” Como prueba, citĂł la aceptaciĂłn de 58 toneladas de ayuda humanitaria provenientes de MĂ©xico.

Sin embargo, ese argumento tiene un problema de fondo. Aceptar suministros materiales no equivale a autorizar el ingreso de equipos especializados de bĂşsqueda y rescate. Son dos cosas distintas. Y precisamente son esos equipos los que marcan la diferencia cuando hay 379 personas desaparecidas bajo los escombros.

La senadora de oposiciĂłn Esmeralda Hernandez fue directa : acusĂł a Bula de haber rechazado ofertas de asistencia humanitaria de Brasil, China y MĂ©xico por motivaciones polĂ­ticas, y exigiĂł que comparezca ante el Parlamento para dar explicaciones. La demanda es razonable. Cuando las decisiones sobre quiĂ©n puede rescatar a los colombianos atrapados parecen estar guiadas por la agenda ideolĂłgica y no por la urgencia humanitaria, el gobierno debe rendir cuentas.

Esta situación no es completamente nueva en América Latina. La crisis humanitaria en La Guajira, donde comunidades enteras llevan años esperando una respuesta estatal efectiva, demuestra que Colombia tiene una deuda histórica con sus poblaciones más vulnerables.

Cuando la política decide quién sobrevive

Hay algo profundamente perturbador en ver cĂłmo la afiliaciĂłn ideolĂłgica de un gobierno extranjero puede determinar si sus especialistas tienen derecho a salvar vidas colombianas. Para mĂ­, esto supera el debate polĂ­tico habitual. Estamos hablando de personas atrapadas bajo toneladas de concreto, de familias esperando noticias, de un reloj que avanza sin parar.

Las estadĂ­sticas de rescate en catástrofes sĂ­smicas son contundentes : las primeras 72 horas son crĂ­ticas para encontrar sobrevivientes. Más allá de ese umbral, las probabilidades caen drásticamente. Cada hora dedicada a negociaciones burocráticas o a filtros ideolĂłgicos es una hora que ninguna vĂ­ctima puede recuperar.

Mi consejo para los ciudadanos colombianos es claro : exijan que sus representantes prioricen las vidas humanas sobre cualquier cálculo polĂ­tico. Las organizaciones humanitarias certificadas, independientemente de la bandera que lleven, tienen el derecho y el deber de actuar. Un Estado que pone su brĂşjula ideolĂłgica por encima de sus propios ciudadanos en situaciĂłn de emergencia merece una rendiciĂłn de cuentas inmediata, no despuĂ©s de que las excavadoras hayan terminado su trabajo.

MarĂ­a GĂłmez
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