Un ciudadano costarricense de 40 años acaba de declararse culpable ante una corte federal de Nueva Jersey por lavar más de 4,8 millones de dólares procedentes de organizaciones criminales. El caso, que la Unidad Investigativa de EL TIEMPO documentó con acceso directo al expediente judicial, revela una operación meticulosamente construida desde adentro de un banco estadounidense. No fue un golpe de suerte. Fue un esquema calculado, ejecutado durante meses, con cómplices en Colombia y sobornos pagados hasta en aplicaciones digitales.
Cómo un empleado bancario convirtió Hollywood en una lavandería de millones
Gerardo Fermín Aquino Vargas trabajaba en una sucursal bancaria ubicada en Hollywood, California. Desde ese puesto, tenía acceso a algo invaluable para cualquier red de lavado : la capacidad de abrir cuentas, emitir tarjetas de débito y levantar restricciones impuestas por el propio banco. Y la aprovechó al máximo.
Según el expediente federal, Aquino abrió 86 cuentas individuales usando una sola dirección comercial en Miami. Cada una servía como canal para mover fondos ilícitos hacia Colombia. El rastreo contable posterior determinó que solo tres de esas cuentas movilizaron más de 3 millones de dólares en transferencias irregulares. La cifra total del esquema supera los 4,8 millones.
El mecanismo era sencillo pero efectivo. Aquino utilizaba nombres reales de personas, a veces con su conocimiento y a veces sin él, para registrar cuentas que en realidad controlaban sus socios colombianos. Además, emitió cientos de tarjetas de débito para esos cómplices y desbloqueó tarjetas que el banco había bloqueado por alertas de fraude. Era, en pocas palabras, el hombre perfecto en el lugar perfecto.
Entre los beneficiarios identificados figura una mujer colombiana de 77 años, con dirección registrada también en Miami, que aparece recibiendo transferencias directas vinculadas al esquema. Su papel exacto aún se investiga.
Los chats, los sobornos y la tarifa por cuenta abierta
La declaración del agente especial Nicholas Brancato, del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, fue una pieza clave en el proceso judicial. Pero los chats incautados al procesado añadieron un detalle que los documentos formales rara vez ofrecen : la voz del propio Aquino negociando sus tarifas.
En los mensajes, queda claro que la colaboración con el ciudadano colombiano comenzó en abril de 2022. A cambio de sus servicios, Aquino recibió más de 8.000 dólares en sobornos, pagados en efectivo y mediante plataformas digitales de transferencia entre particulares. Sin embargo, en algún momento consideró que eso era insuficiente.
En uno de los intercambios más reveladores, Aquino le escribe directamente a su socio colombiano :
“Papito, eso para mí no es negocio. Honestamente pensaba q 200$ por cliente con ustedes. Obviamente les di 28 tarjetas. Y esos 200$ se lo estoy dejando a ustedes nada más. Ya aquí estamos con otra gente en 500$ – 800$ por cuenta papi.”
El mensaje no deja margen a la ambigüedad. Aquino no solo tenía múltiples redes de clientes, sino que las comparaba abiertamente para negociar mejores condiciones :
- Venezolanos, israelíes y bolivianos : clientes con quienes operaba a tarifas superiores a 100 dólares por cuenta.
- Peruanos : otra red activa, según sus propias palabras.
- Red colombiana : inicialmente pactada a 200 dólares por cuenta abierta.
Para él, era un negocio con competencia interna. Y lo gestionaba con la naturalidad de quien vende un servicio.
| Elemento del esquema | Detalle |
|---|---|
| Total lavado | Más de 4,8 millones de dólares |
| Cuentas fraudulentas abiertas | 86, bajo una misma dirección en Miami |
| Fondos movilizados (3 cuentas) | Más de 3 millones de dólares hacia Colombia |
| Sobornos recibidos | Más de 8.000 dólares en efectivo y pagos digitales |
| Inicio de la operación | Abril de 2022 |
Lo que viene : nombres, narcotráfico y cajeros en Colombia
Aquino se declaró culpable, pero el caso no termina ahí. Francamente, lo más interesante está por venir. Como parte del acuerdo con la fiscalía federal, se espera que entregue los nombres de sus socios colombianos, información que permitirá determinar si los fondos blanqueados provienen del narcotráfico u otras organizaciones delictivas.
Las autoridades también rastrean a quienes retiraron el dinero desde cajeros automáticos en territorio colombiano. Las cámaras de seguridad del banco ya aportaron evidencia visual : un encuentro entre Aquino y uno de sus socios colombianos quedó registrado, y ese individuo aparece actualmente en el radar de la DEA.
Este caso ilustra algo que los sistemas de cumplimiento bancario no siempre logran prevenir : la amenaza interna. No hubo hackeo, no hubo falsificación de documentos desde afuera. Alguien con credenciales legítimas, acceso real y conocimiento del sistema decidió convertirlo en un instrumento criminal. El daño que puede causar un empleado corrupto bien posicionado supera con creces lo que cualquier atacante externo podría lograr.
Para las autoridades colombianas, la cooperación con la fiscalía de Nueva Jersey será determinante. Los retiros en cajeros automáticos dejan huella digital y física. Si las grabaciones y los registros bancarios se cruzan con los testimonios que Aquino prometió entregar, la red completa podría quedar al descubierto. La pregunta que queda abierta es cuántos casos similares, con empleados bancarios en otras ciudades, siguen operando sin que ninguna alerta interna los detecte.
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