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Manos profesional manipulando pantalla tƔctil hologrƔfica datos financieros

Colombia se acerca a su cita electoral de 2026 con una novedad que pocos anticipaban hace tres aƱos : la irrupción de una candidatura de extrema derecha que ya cotiza entre las primeras posiciones de las encuestas. El fenómeno no es aislado. Replica, con matices propios, lo que ocurrió en Argentina con Javier Milei en 2023 y lo que Nayib Bukele construyó en El Salvador desde 2019. La pregunta no es si este movimiento existe, sino hasta dónde puede llegar.

El perfil del candidato : entre la motosierra y el puƱo de hierro

Rodolfo HernĆ”ndez dejó una huella en el imaginario polĆ­tico colombiano en 2022, cuando llegó a segunda vuelta con un discurso antiestablishment y populista. Pero la nueva generación de candidatos ultras va mĆ”s lejos. El referente mĆ”s visible de esta corriente para 2026 combina la retórica libertaria de recorte del Estado —al estilo de Milei— con la narrativa de seguridad mĆ”xima y mano dura que popularizó Bukele en El Salvador, donde la tasa de homicidios cayó de 103 por cada 100.000 habitantes en 2015 a menos de 2 en 2023.

El discurso tiene coherencia interna. Propone eliminar ministerios enteros, privatizar servicios pĆŗblicos y aplicar un modelo de cĆ”rceles de mĆ”xima seguridad para grupos armados. No es solo retórica : en Colombia, donde el 40% de la población desconfĆ­a de las instituciones segĆŗn el Barómetro de las AmĆ©ricas 2024, ese mensaje encuentra terreno fĆ©rtil.

Los paralelismos con Milei son evidentes en la forma. Ambos usan redes sociales como principal canal de campaƱa, esquivan los medios tradicionales y construyen una imagen de outsider radical. La diferencia estĆ” en el contexto : Colombia no tiene la crisis inflacionaria argentina, pero sĆ­ una percepción de inseguridad disparada y un gobierno de izquierda que genera polarización intensa.

Petro como catalizador del voto de rechazo

Francamente, entender el ascenso de la ultraderecha colombiana sin mencionar a Gustavo Petro es imposible. El desgaste del gobierno actual alimenta directamente el crecimiento de las opciones mÔs radicales en el extremo opuesto. Las promesas incumplidas, los conflictos institucionales y la gestión cuestionada en ciudades clave como BogotÔ generan un voto de castigo que busca la alternativa mÔs distante posible.

Este fenómeno estĆ” documentado. Cuando un gobierno de izquierda decepciona a sus votantes moderados, el pĆ©ndulo no regresa al centro : va al extremo contrario. Ocurrió en Brasil entre Lula y Bolsonaro, y en Argentina entre el kirchnerismo y Milei. las promesas incumplidas de Petro con BogotĆ” revelan un patrón de gobierno cuestionable que, para muchos electores, justifica buscar una ruptura total con el modelo actual.

El voto ultra no es solo ideológico. Es también emocional. Un ciudadano de clase media en Cali o Medellín que siente que la seguridad empeoró, que la economía no despegó y que el presidente habla pero no ejecuta, no necesita ser libertario convencido para votar por alguien que promete exactamente lo contrario de todo lo que Petro representa.

Elemento Milei (Argentina) Bukele (El Salvador) Candidato ultra Colombia 2026
Eje principal Libertarismo económico Seguridad y orden Combinación de ambos
Canal dominante Redes sociales Redes sociales Redes sociales
Enemigo narrativo La casta política Las pandillas y la corrupción La izquierda y la inseguridad
Apoyo electoral inicial ~30% primera vuelta 53% primera vuelta 2019 Entre 18% y 24% en sondeos 2025

Lo que revelan las encuestas y lo que no dicen

Los sondeos de intención de voto publicados entre enero y abril de 2026 ubican a este sector entre el 18% y el 24% de preferencias, dependiendo de la encuestadora. No es mayoría, pero es suficiente para llegar a segunda vuelta si el voto opositor no logra unificarse en torno a una candidatura de centro.

Los datos hay que leerlos con cuidado. En Colombia, las encuestas previas a primera vuelta han fallado sistemĆ”ticamente en capturar el voto vergonzante —ese elector que no declara su preferencia real por temor al juicio social. En 2022, HernĆ”ndez superó ampliamente sus proyecciones de sondeo. El voto ultra tiende a estar subrepresentado hasta el dĆ­a de las elecciones.

  • Penetración alta entre hombres de 25 a 45 aƱos en zonas urbanas.
  • Crecimiento notable en municipios con alta presencia de grupos armados.
  • Rechazo significativo entre mujeres mayores de 50 aƱos y votantes rurales del PacĆ­fico.
  • Apoyo transversal de clase media que perdió poder adquisitivo entre 2022 y 2025.

Para el resto del espectro polĆ­tico, el riesgo real no es que este candidato gane en primera vuelta. Es que ningĆŗn otro candidato logre polarizar suficientemente la segunda vuelta para derrotarlo. La fragmentación del voto de centro e izquierda es, hoy por hoy, el principal activo electoral de la ultraderecha colombiana. Y eso no lo resuelve ninguna encuesta : lo resuelve, o no, la polĆ­tica.

Qué hacer con esta información como ciudadano

MĆ”s allĆ” del anĆ”lisis, hay algo concreto que cualquier votante puede hacer ahora mismo. Verificar las fuentes de información sobre cada candidato es el primer paso. Las campaƱas ultra son expertas en construir narrativas virales difĆ­ciles de desmentir una vez instaladas en el imaginario colectivo. La desinformación no es un accidente en estas estrategias : es una herramienta deliberada.

Contrastar el discurso con las propuestas concretas resulta indispensable. Un candidato que promete eliminar el 30% del Estado pero no detalla quƩ servicios desaparece exactamente merece preguntas, no aplausos. Lo mismo aplica para quien propone cƔrceles de mƔxima seguridad sin especificar el marco legal que las sustenta.

La experiencia de Argentina y El Salvador muestra que los gobiernos de ruptura radical generan resultados muy distintos según el contexto institucional de cada país. Colombia tiene una Corte Constitucional activa, un Congreso fragmentado y una sociedad civil organizada. Esas variables cambian significativamente lo que cualquier gobierno ultra podría implementar en la prÔctica, independientemente de lo que prometa en campaña.

María Gómez
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