Paloma Valencia divide a feministas colombianas

Mujer en púrpura habla desde podio con bandera colombiana

El 12 de marzo de 2025, un disparo cambió el rumbo de las elecciones presidenciales colombianas. Miguel Uribe Turbay, favorito indiscutible de las encuestas, fue asesinado durante un mitin en Bogotá. Su muerte abrió una puerta inesperada : la de Paloma Valencia, abogada y filósofa de 48 años, que heredó la candidatura del Centro Democrático, el partido de la derecha dura. Hoy figura en el trío de cabeza de una carrera presidencial que ninguna mujer colombiana ha ganado jamás.

Su perfil político no surge de la nada. Nieta del presidente conservador León Valencia y sobrina bisnieta de Josefina Valencia —sufragista legendaria y primera mujer en dirigir un ministerio en Colombia—, Paloma creció literalmente dentro de los pasillos del poder. La política no es para ella una vocación tardía : es casi una herencia genética.

Una candidatura marcada por la sombra de Uribe y la presión de un outsider

Asumir el liderazgo del Centro Democrático tras el asesinato de Uribe Turbay no fue un camino de rosas. El partido arrastra el peso simbólico del expresidente Álvaro Uribe Vélez, cuya influencia sobre la campaña de Valencia es difícil de ignorar. Según el medio colombiano La Silla Vacía, ella misma lo describe como “su padre” político, y él le brinda un apoyo activo y público. Sus adversarios explotan este vínculo para cuestionar su autonomía real como candidata.

Por si fuera poco, un competidor inesperado complica el panorama : Abelardo de la Espriella, abogado conocido por defender narcotraficantes y paramilitares de extrema derecha, que se niega a cederle el espacio en el flanco conservador. Sin embargo, las últimas encuestas citadas por Caracol Radio le otorgan a Valencia un escenario de segunda vuelta ajustada frente al candidato de izquierda Iván Cepeda. El tablero electoral es tenso, y ella lo sabe.

Su programa se articula sobre tres ejes principales :

  • Endurecimiento de la política de seguridad en un país con más de 60 años de conflicto armado
  • Facilitación de la inversión privada, especialmente en los sectores minero y agrícola
  • Defensa de los valores de la familia tradicional

Este tercer punto, precisamente, es el que enciende el debate más incómodo de su candidatura. ¿Puede una mujer de derechas ser feminista ? En Colombia, esa pregunta ya no es retórica.

Paloma Valencia y el feminismo colombiano : una tensión sin salida fácil

La periodista Ana Bejarano, en la revista Cambio, lo formuló con claridad : “La representación de las mujeres y la adhesión al feminismo son dos cosas muy distintas.” El simple hecho de que una mujer acceda al poder genera un cambio estructural, concede Bejarano, pero eso no equivale a defender los derechos de las mujeres. Y aquí Valencia acumula críticas concretas.

Ha repetido públicamente que “el aborto no puede ser un derecho de la mujer”, una posición que choca con la realidad legal colombiana, donde el procedimiento no está legalizado pero sí despenalizado hasta el sexto mes de gestación. Valencia asegura que mantendría ese marco jurídico sin tocarlo, y reivindica haber defendido la paridad política y el apoyo a las madres en el hogar. Pero para muchas activistas, eso no alcanza.

Posición de Valencia Reacción feminista
Mantener la despenalización del aborto sin ampliarla Insuficiente; no considera el aborto un derecho
Defender la paridad en política Gesto vacío sin agenda de igualdad real
Apoyo a madres en el hogar Reduce a las mujeres a roles de cuidadoras

El colectivo Somos Jacarandas, que defiende el derecho al aborto, publicó en El País América una crítica directa : “Las pocas veces que las mujeres aparecen en su programa, es para reducirnos a madres, cuidadoras o emprendedoras que necesitan apoyo.” Para ellas, Valencia no representa a las colombianas; representa una visión del país que las confina a roles predefinidos. La calificación de “fiel servidora del patriarcado” que usa Bejarano resume esa postura sin rodeos.

Valencia no esquiva el enfrentamiento. Desde Caracol Radio, desafió directamente a “las feministas de este país que consideran que las mujeres de derechas no son mujeres”. Es una provocación calculada, y funciona : genera debate, moviliza a su base y la posiciona como víctima de un dogmatismo de izquierda. Tácticamente, no es torpe.

Romper el techo de cristal, ¿a cualquier precio ?

Hay voces que van más allá del debate ideológico. La periodista Paola Ochoa escribió en El Tiempo algo que incomoda a propios y ajenos : Colombia es, sin rodeos, “un país machista, católico, tradicional, apegado a los valores patriarcales”, y en ese contexto, la primera presidenta importa más que su signo político. Para Ochoa, el país necesita una heroína que quiebre el techo de cristal, sea de izquierda o de derecha, feminista o no.

Es un argumento incómodo pero honesto. Colombia lleva más de 200 años de independencia sin que ninguna mujer haya llegado a la presidencia. Eso dice algo sobre las estructuras de poder reales, más allá de los discursos. Y conecta directamente con un debate más amplio sobre las promesas incumplidas de la política colombiana y los patrones de gobierno cuestionables que se repiten independientemente del color político.

Frankly, la candidatura de Valencia obliga a Colombia a preguntarse qué tipo de cambio quiere : ¿uno simbólico o uno estructural ? Porque llegar al poder siendo mujer y gobernar para las mujeres son dos objetivos distintos. La campaña de 2026 lo está demostrando con una claridad brutal.

Juan Pérez
Scroll to Top