Restauración de arrecifes coralinos en Santa Marta, Colombia

Buceadores plantan y cultivan corales coloridos en el ocƩano

El 44% de las especies de coral en el mundo figuraban como amenazadas de extinción en 2024, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Una cifra que golpea fuerte cuando uno se para a pensar que estos ecosistemas albergan a casi un tercio de todas las especies marinas del planeta. En las aguas del Caribe colombiano, frente a las costas de Santa Marta, un grupo de hombres que antes destruían los arrecifes sin saberlo estÔ protagonizando una historia diferente.

De redes y dinamita a guardianes del arrecife

Yerson Granados tiene 56 aƱos y lleva buena parte de su vida vinculado al mar. Durante aƱos, pescó como tantos otros : usando redes, anclas y mĆ©todos que arrasaban con los corales sin que nadie le explicara por quĆ© eso era un problema. “Antes los daƱƔbamos, no sabĆ­amos que era un ser vivo; para nosotros parecĆ­an piedras”, confesó en declaraciones a la agencia AFP. Hoy, ese mismo hombre se sumerge con botella de oxĆ­geno a diez metros de profundidad para vigilar sus plantaciones de coral.

El cambio no llegó solo. Granados forma parte del programa de restauración marina impulsado por la Fundación CIM Caribe, una ONG que desde 2017 trabaja en la recuperación de los arrecifes en la bahĆ­a de Santa Marta. El proyecto captó a expescadores de la zona y los formó como autĆ©nticos cultivadores submarinos. El proceso no es sencillo : requiere paciencia, tĆ©cnica y una reconexión profunda con el ecosistema que antes ignoraban.

Kevin Monsalvo, de 26 aƱos, es otro de los reconvertidos. Su frase lo dice todo : “Para mĆ­, un coral, ahora, es la vida”. Ese giro conceptual —de ver el coral como un obstĆ”culo a entenderlo como un organismo vivo esencial— es precisamente lo que hace singular este proyecto. No se trata solo de plantar fragmentos en el fondo del mar; se trata de transformar la mirada de quienes conviven con ese fondo cada dĆ­a.

Las tĆ©cnicas empleadas combinan trabajo manual y estructuras de vivero diseƱadas especĆ­ficamente para esta tarea :

  • Fijación de fragmentos de coral en estructuras artificiales sumergidas
  • Seguimiento del crecimiento hasta alcanzar el tamaƱo óptimo para el trasplante
  • Inmersiones regulares a 10 metros de profundidad para monitorizar el estado de las colonias
  • Trasplante definitivo a los arrecifes degradados una vez los fragmentos estĆ”n consolidados

Cuando los fragmentos alcanzan el tamaño adecuado en los viveros, se trasladan a los arrecifes degradados de la bahía. Es un trabajo artesanal, casi quirúrgico, que exige conocer cada especie y respetar sus tiempos.

Los resultados sobre el terreno y el conocimiento que nadie enseƱa en los libros

Diana Tarazona, directora cientĆ­fica de la Fundación CIM Caribe, tiene muy clara una cosa : trabajar con expescadores no es solo una decisión Ć©tica o social. Es estratĆ©gica. “Trabajar con ellos es acceder a su saber innato sobre la vida marina”, afirma. Ese conocimiento acumulado durante dĆ©cadas en el agua —las corrientes, los comportamientos de los peces, las zonas donde el coral sobrevive mejor— no estĆ” en ningĆŗn manual.

Los datos avalan el enfoque. Desde 2017, la fundación ha logrado plantar 1,5 hectĆ”reas de arrecife con cerca de veinte especies distintas de coral. No es un nĆŗmero enorme si se mira en abstracto, pero hay que entender el contexto : cada fragmento se implanta a mano, en condiciones submarinas, con equipos limitados y en un entorno que el cambio climĆ”tico presiona constantemente.

Indicador Dato
AƱo de inicio del proyecto 2017
Superficie restaurada hasta 2026 1,5 hectƔreas
Especies de coral cultivadas ~20 especies
Objetivo para 2030 36 hectƔreas restauradas
Profundidad de monitoreo 10 metros

El objetivo fijado para 2030 es ambicioso : restaurar cerca de 36 hectĆ”reas de arrecife en el Caribe colombiano. Para llegar a esa cifra, la fundación necesitarĆ” escalar tanto la producción en vivero como el nĆŗmero de personas formadas. Los exfishermenconvertidos en jardineros del mar son, en ese sentido, el recurso mĆ”s valioso del programa.

El calentamiento del océano complica todo. Colombia no escapa al blanqueamiento masivo que estÔ diezmando los arrecifes tropicales. Los corales del Caribe colombiano ya sufrieron el impacto del huracÔn Iota y la apuesta por la fecundación in vitro para salvar los corales de Colombia, lo que ilustra hasta qué punto la presión sobre estos ecosistemas viene de varios frentes a la vez.

MĆ”s allĆ” de Santa Marta : lo que este modelo puede enseƱar al mundo

Francamente, lo que ocurre en Santa Marta merece mĆ”s atención internacional de la que recibe. No porque sea perfecto —ningĆŗn proyecto de restauración lo es—, sino porque resuelve algo que muchas iniciativas similares ignoran : la dimensión humana de la crisis ecológica. Involucrar a las comunidades que históricamente han explotado un recurso en su recuperación no es solo justo; es eficiente.

Los arrecifes de coral actúan como ciudades submarinas, en palabras de la propia Tarazona. Protegen las costas de la erosión, sostienen pesquerías y atraen turismo. Para una ciudad como Santa Marta, que vive en parte del atractivo del mar Caribe, su degradación tendría consecuencias económicas directas y medibles.

Si te interesa el estado de los ecosistemas marinos en Colombia, te propongo hacer algo concreto : busca ONG locales que trabajen en restauración de arrecifes y verifica si aceptan voluntarios o financiación ciudadana. El modelo de CIM Caribe demuestra que escalar este tipo de proyectos depende tanto de recursos económicos como de manos dispuestas a mojarse. Literalmente.

María Gómez
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