Sismo en Colombia amenaza pruebas del conflicto armado

Mujer sostiene documentos en edificio destruido abandonado.

El 10 de agosto de 2026, un sismo sacudió el occidente de Colombia con una violencia que dejó sin palabras a quienes lo vivieron. Cuatro días después, los equipos de rescate seguían retirando cuerpos entre los escombros de edificios derrumbados en Pereira. Pero, mientras el país contabilizaba sus muertos recientes, otra tragedia silenciosa comenzaba a tomar forma : la posible destrucción de pruebas vinculadas a décadas de conflicto armado.

Cementerios dañados, memoria en riesgo

Colombia carga con una herida histórica de más de 120 000 personas desaparecidas a causa del enfrentamiento entre guerrillas, paramilitares y el ejército nacional, un conflicto que lleva más de medio siglo abierto. Muchas de esas víctimas fueron enterradas clandestinamente en cementerios rurales, identificadas falsamente como combatientes caídos en batalla. Hoy, algunos de esos mismos cementerios presentan daños estructurales por el terremoto.

El problema no es solo simbólico. En varios de esos camposantos se habían localizado fosas comunes sin identificar, producto de años de investigación forense y testimonios de sobrevivientes. El sismo amenaza directamente con alterar o destruir ese contexto físico, tan valioso para la identificación de restos y para los procesos judiciales en curso.

Para entender la magnitud del riesgo, conviene recordar qué tipo de víctimas reposan en esas fosas :

  • Campesinos y campesinas asesinados durante operaciones militares o paramilitares
  • Líderes comunitarios eliminados por defender sus territorios
  • Niños y adolescentes víctimas de ejecuciones extrajudiciales
  • Personas presentadas falsamente como guerrilleros muertos en combate

La información acumulada sobre la ubicación de estas fosas, los registros fotográficos, las muestras de ADN almacenadas cerca de los sitios : todo eso puede perderse si no se actúa con rapidez. el terremoto en Colombia, que ya suma 216 muertos confirmados, también golpea esta memoria colectiva de forma silenciosa pero devastadora.

Las familias en alerta : el testimonio de Deidania Perdomo

Deidania Perdomo perdió a su hermano y a varios familiares durante los años 1980, en pleno recrudecimiento del conflicto. Desde entonces, no ha dejado de buscarlos. Forma parte del colectivo OFB, una asociación que acompaña a familias en la búsqueda de sus seres queridos desaparecidos.

«Estamos muy preocupados desde que ocurrió el sismo», declaró Perdomo en una entrevista con el servicio internacional de RFI. Su inquietud no es abstracta : conoce palmo a palmo el trabajo que ha costado localizar cada fosa, cada registro, cada muestra susceptible de devolver un nombre a quien ya no lo tiene.

El OFB no actúa solo. Su labor se inscribe en un ecosistema más amplio de organizaciones de derechos humanos que trabajan coordinadamente con instancias como la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), creada en el marco del Acuerdo de Paz de 2016. La amenaza que plantea el terremoto afecta, por tanto, no solo a las familias, sino a todo el aparato institucional de búsqueda y justicia transicional.

Aspecto Situación antes del sismo Riesgo tras el terremoto
Fosas comunes localizadas Registradas y georreferenciadas Posible alteración del terreno o colapso
Pruebas forenses En proceso de análisis o almacenamiento Riesgo de destrucción física o contaminación
Testimonios y registros Recopilados por asociaciones y autoridades Pérdida si las instalaciones están dañadas
Infraestructura de cementerios Variable según zona rural o urbana Daños estructurales confirmados en varias áreas

Para Deidania y sus compañeras del colectivo, cada día que pasa sin medidas concretas de protección es un día en que décadas de trabajo pueden desaparecer bajo los escombros. No exageran. La experiencia de otras catástrofes naturales en América Latina muestra que los sitios de memoria son sistemáticamente los últimos en recibir atención institucional.

Medidas urgentes que no pueden esperar

Frente a este escenario, el OFB y otras organizaciones afines han lanzado un llamado formal a las autoridades colombianas. La petición es concreta : establecer medidas de emergencia para proteger los cementerios dañados y las fosas ya catalogadas antes de que cualquier intervención de rescate o reconstrucción altere irreversiblemente esos espacios.

La lógica detrás de esta demanda es sencilla pero urgente. En una zona afectada por un terremoto, las prioridades operativas se centran en salvar vidas y despejar escombros. Sin protocolos específicos, una excavadora movilizando tierra cerca de una fosa común puede destruir en minutos lo que costó años identificar.

Tres acciones concretas se perfilan como prioritarias según los colectivos :

  1. Perímetros de protección alrededor de los cementerios con fosas documentadas
  2. Equipos forenses especializados desplegados junto a los grupos de rescate convencionales
  3. Digitalización de emergencia de todos los registros físicos aún no respaldados en formato digital

El Estado colombiano tiene una obligación legal y moral en este punto. El Acuerdo de Paz firmado en 2016 reconoció explícitamente el derecho de las familias a conocer el paradero de sus desaparecidos. Dejar que un sismo borre esas pruebas sin actuar sería, francamente, una segunda desaparición : esta vez, institucional.

La presión internacional también importa aquí. Organizaciones como Human Rights Watch han documentado en múltiples informes la importancia de preservar los sitios de memoria en Colombia. Un desastre natural no puede convertirse en excusa para el olvido. Las autoridades deben demostrar que la memoria del conflicto merece la misma urgencia que cualquier otra prioridad humanitaria sobre el terreno.

Juan Pérez
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