La investigación sobre el atentado contra Miguel Uribe en Bogotá ha revelado detalles cruciales sobre cómo operan las redes sicariales en la capital colombiana. Quince dÃas después del brutal ataque contra el senador y precandidato presidencial, las autoridades han logrado capturar a cuatro implicados, pero los autores intelectuales siguen en la sombra. Este caso no solo ha conmocionado al paÃs, sino que ha puesto de manifiesto los intrincados sistemas que utilizan estas organizaciones criminales para ejecutar ataques de alta resonancia.
Estructura jerárquica de las redes sicariales bogotanas
Las organizaciones criminales dedicadas a atentados de alto impacto en Bogotá funcionan mediante un sofisticado sistema de tres niveles operativos independientes pero coordinados entre sÃ. Según fuentes de la FiscalÃa y la PolicÃa Nacional, esta estructura compartimentada busca proteger a los verdaderos responsables mientras garantiza la ejecución del crimen.
El primer nivel lo conforman los autores intelectuales del atentado, quienes seleccionan el objetivo y proporcionan la financiación necesaria. En el caso de Miguel Uribe, los investigadores sospechan que estos determinadores invirtieron más de 1.000 millones de pesos, lo que descarta a simples fanáticos polÃticos y señala hacia organizaciones con considerable capacidad económica.
El segundo eslabón comprende la célula logÃstica con su coordinador, encargada de facilitar todos los elementos materiales para el ataque:
- Armas y explosivos
- Medios de transporte
- Hospedaje para los participantes
- Vestuario y elementos de camuflaje
- Contratación de ejecutores
Finalmente, el tercer nivel está compuesto por la célula operativa que ejecuta directamente el atentado. Esta incluye espÃas para realizar seguimientos a la vÃctima y los sicarios que perpetran el ataque. Frecuentemente, estos ejecutores pertenecen a bandas delincuenciales distintas a la organización financiadora.
“Los delincuentes emplean este esquema de nódulos para mantener en la clandestinidad a los autores intelectuales. Cada nivel conoce únicamente una parte del plan, nunca la totalidad ni a los demás participantes”, explicó un investigador judicial consultado.
RadiografÃa de los implicados en el atentado a Miguel Uribe
La investigación del ataque al senador Uribe, ocurrido el 7 de junio en el barrio Modelia, ha avanzado gracias a la captura inmediata del sicario de 15 años, quien posteriormente decidió colaborar como testigo de la FiscalÃa. Este testimonio ha permitido identificar a otros participantes de la red criminal.
Hasta el momento, las autoridades han judicializado a cuatro personas vinculadas principalmente con la célula logÃstica y operativa:
| Nombre | Alias | Función en la red |
|---|---|---|
| Carlos Mora González | – | Supuesto transportador |
| Katerine MartÃnez MartÃnez | “Gabriela” | Entregó el arma y vigiló la escena |
| William González Cruz | “El Hermano” | Coordinador del operativo |
| Menor de edad | – | Sicario ejecutor |
Actualmente, las autoridades concentran sus esfuerzos en la captura de un individuo conocido como “El Costeño”, quien habrÃa participado en la coordinación y contratación de algunos implicados. La investigación también busca determinar si el sicario adolescente pertenecÃa a alguna banda criminal de la localidad de Engativá.
La FiscalÃa ha catalogado este caso como un crimen por razones polÃticas, lo que sugiere que los determinadores son personas con intereses en el poder público. Miguel Uribe, precandidato del partido Centro Democrático y firme opositor al Gobierno Nacional, no figuraba entre los favoritos en las encuestas presidenciales para 2026, lo que plantea interrogantes sobre los verdaderos motivos del atentado.
Patrones criminales identificados en atentados previos
El modus operandi detectado en el caso Uribe coincide con otros atentados de alto impacto ocurridos en Bogotá durante los últimos años. En promedio, estas operaciones involucran a un mÃnimo de 10 participantes distribuidos en los tres niveles jerárquicos mencionados.
Entre los casos emblemáticos que han seguido este patrón criminal destacan:
- El atentado con bomba en el Centro Comercial Andino (2017) que dejó tres muertas y nueve heridos.
- El carro bomba en la Escuela de Cadetes de PolicÃa General Santander (2019) con 23 fallecidos.
- La bomba en el CAI de Arborizadora Alta (2022) que causó la muerte de dos niños.
- El ataque con bomba lapa contra el exministro Fernando Londoño (2012).
En todos estos casos, la estructura criminal compartimentada dificultó la identificación de los autores intelectuales. Un ejemplo similar es el magnicidio del fiscal paraguayo Marcelo Pecci en 2022, donde tres años después de procesar a nueve personas de las células operativa y logÃstica, aún no se ha logrado identificar a los determinadores.
DesafÃos para desmantelar estas estructuras criminales
El principal reto que enfrentan las autoridades para esclarecer completamente estos crÃmenes radica en la fragmentación deliberada de la información. El sistema de compartimentación utilizado por estas redes impide que los miembros de un nivel conozcan a los de otros niveles, protegiendo asà a los autores intelectuales.
El caso de Jaime Garzón, asesinado en 1999, ilustra la complejidad de estas investigaciones. Aunque se han señalado a 15 personas involucradas, solo se ha logrado condenar a dos autores intelectuales después de décadas de investigación: José Miguel Narváez, exsubdirector del DAS, y Carlos Castaño Gil, comandante de las AUC (asesinado en 2004).
Particularmente difÃciles son los casos donde intervienen francotiradores, como los homicidios de los empresarios esmeralderos Juan Sebastián Aguilar y Hernando Sánchez en Bogotá, vinculados a disputas del narcotráfico. A pesar de haberse identificado la modalidad, los investigadores han tenido escasos avances para determinar los responsables.
La pregunta que persiste en el caso de Miguel Uribe es si esta vez las autoridades lograrán seguir los hilos hasta llegar a los autores intelectuales, o si nuevamente se cortará la cadena antes de alcanzar el nivel superior de esta estructura criminal.
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