La región del Catatumbo, ubicada en el noreste de Colombia, vuelve a ser escenario de un conflicto devastador que deja a su paso dolor y desolación. Desde enero de 2025, los enfrentamientos entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y grupos disidentes han convertido esta zona en lo que muchos locales describen como “tierra de huérfanos y viudas”. La intensificación de la violencia ha provocado un éxodo masivo, con más de 52.000 personas desplazadas de sus hogares en busca de seguridad y paz.
Crisis humanitaria en el corazón del Catatumbo
En La Cecilia, una pequeña comunidad en la zona periurbana de Teorama, banderas blancas ondean sobre cada vivienda como símbolo de neutralidad y súplica por la paz. La calle principal, que conecta Ocaña con El Tarra, exhibe una pancarta deteriorada con el mensaje “Queremos paz”, instalada tras los brutales asesinatos del 25 de enero que dejaron trece víctimas. Según informes policiales, estos fallecidos pertenecían al Frente 33, una rama disidente de las FARC.
La magnitud de la crisis humanitaria resulta alarmante. Las autoridades han contabilizado oficialmente al menos cincuenta y dos asesinatos, aunque se sospecha que muchos cuerpos aún no han sido recuperados. El control territorial ha cambiado drásticamente, con el ELN ganando terreno frente a las disidencias del Frente 33, como evidencian los numerosos grafitis y mensajes en las fachadas de las casas.
Los habitantes de la región enfrentan diariamente el trauma de la violencia. “Lloramos a todos nuestros muertos, sean militares, guerrilleros o civiles, porque ante todo son hijos del Catatumbo que la guerra nos ha arrebatado”, expresó una líder comunitaria durante nuestra visita, palabras que reflejan el sentir colectivo de una población atrapada en medio del fuego cruzado.
| Grupo armado | Acciones principales | Control territorial |
|---|---|---|
| ELN | Enfrentamientos, control de vías | En expansión |
| Frente 33 (disidentes FARC) | Resistencia, retroceso territorial | En retroceso |
| EMBF | Negociaciones con el gobierno | Presencia limitada |
Testimonios de una guerra que no cesa
La caravana humanitaria que recorrió la región a principios de febrero permitió documentar el impacto devastador del conflicto en las comunidades locales. En cada población visitada, los testimonios coinciden en la desesperación por obtener un cese al fuego inmediato que permita el retorno a una normalidad que parece cada vez más lejana.
Las evidencias del enfrentamiento permanecen visibles en toda la región. Las barreras que el Frente 33 había instalado en las entradas y salidas de los pueblos han sido destruidas, quedando apenas restos de afiches con el rostro de Manuel Marulanda Vélez, alias “Tirofijo”, fundador histórico de las FARC. Por otro lado, el ELN ha marcado su dominio con mensajes contundentes dirigidos al presidente Gustavo Petro:
- “Paz total: fracaso total”
- “Cumple tu promesa, Petro”
- “Estado de emergencia = militarización”
- “El Catatumbo exige respeto y soluciones reales”
- “No más falsas promesas, queremos diálogo verdadero”
Estos mensajes reflejan la frustración tras la suspensión de las negociaciones de paz el 17 de enero, cuando el gobierno respondió a la escalada de violencia retirándose de las conversaciones. La población civil se encuentra atrapada entre las aspiraciones de paz del gobierno y la realidad brutal de un conflicto que parece intensificarse a pesar de los esfuerzos diplomáticos.
Alternativas para el futuro del territorio
A pesar del panorama desolador, algunos líderes comunitarios trabajan incansablemente por encontrar alternativas económicas y sociales que permitan a la región superar su dependencia de actividades ilícitas. Uno de los caminos más prometedores es el desarrollo del ecoturismo como alternativa sostenible que aproveche la extraordinaria biodiversidad del Catatumbo.
El potencial natural de la región ofrece una oportunidad para transformar su identidad, tradicionalmente asociada al conflicto y los cultivos ilícitos. Sin embargo, esta transformación requiere:
- Un cese definitivo de hostilidades entre grupos armados
- Inversión estatal en infraestructura básica y seguridad
- Programas de capacitación para comunidades locales
- Protección efectiva de los recursos naturales
- Construcción de confianza entre el Estado y las comunidades
La realidad actual dista mucho de permitir este desarrollo, pero las organizaciones comunitarias insisten en mantener viva la esperanza. Las guardias campesinas, conformadas por civiles que buscan proteger sus comunidades sin tomar partido en el conflicto, representan uno de los pocos mecanismos de protección con los que cuenta la población.
Mientras tanto, el éxodo continúa. Familias enteras abandonan tierras que han trabajado por generaciones, llevando consigo apenas lo esencial y dejando atrás no solo posesiones materiales, sino también parte de su identidad colectiva. El temor a quedar atrapados en el fuego cruzado supera el dolor del desarraigo, convirtiendo a miles de campesinos en desplazados internos que buscan refugio en ciudades donde enfrentan nuevas formas de vulnerabilidad.
La crisis del Catatumbo representa uno de los mayores desafíos para la política de “Paz Total” del gobierno colombiano, revelando las complejidades de un conflicto donde los actores armados continúan disputando territorio y poder a costa del bienestar de la población civil.
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