El viernes 10 de julio de 2026, Bogotá registró otra muerte que nadie debería olvidar. Adriana Manotas Rodríguez, de 52 años, perdió la vida después de someterse a un procedimiento en un centro estético clandestino ubicado en la localidad de Puente Aranda, en el centro-occidente de la capital. Lo que siguió fue escalofriante : la sacaron a rastras del local y la subieron a un carro gris, tal como ocurrió en el caso de Yulixa Toloza, que ya había sacudido a la ciudad meses antes.
Este tipo de hechos no son accidentales. Son el resultado directo de operar fuera de cualquier control sanitario, con personal sin acreditación médica y en instalaciones que no cumplen el menor estándar. Franquemente, cada caso que sale a la luz es una advertencia que llega demasiado tarde para la víctima.
Sthetic Body Bogotá SAS : una empresa de fachada con apenas 5 millones en activos
Las autoridades bogotanas llegaron al local desde el mismo viernes 10 de julio. El establecimiento, ubicado en el segundo piso de un edificio negro en Puente Aranda, operaba bajo el nombre comercial Sthetic Body Bogotá SAS. Una investigación periodística logró identificar los documentos oficiales de la sociedad, y lo que revelan es contundente.
La empresa fue matriculada en Bogotá en agosto de 2024, con un capital inicial de 20 millones de pesos y un objeto social definido como “actividades de peluquería y otros tratamientos de belleza”. Nada en su razón social menciona procedimientos estéticos invasivos ni nada que se le parezca. Para 2026, los activos registrados de la compañía se reducen a apenas 5 millones de pesos : una cifra irrisoria para cualquier establecimiento que pretenda ofrecer intervenciones corporales.
Este dato no es menor. Un centro estético que funciona con activos tan bajos no tiene capacidad para sostener equipos médicos certificados, ni insumos de calidad, ni mucho menos personal habilitado. El perfil financiero de Sthetic Body habla por sí solo sobre el nivel de riesgo al que se exponían quienes cruzaban sus puertas.
| Dato | Detalle |
|---|---|
| Nombre de la empresa | Sthetic Body Bogotá SAS |
| Fecha de matrícula | Agosto de 2024 |
| Capital inicial | 20 millones de pesos |
| Activos declarados (2026) | 5 millones de pesos |
| Objeto social | Peluquería y tratamientos de belleza |
Las redes sociales del local fueron cerradas inmediatamente después de que el caso tomó relevancia pública. Esa acción inmediata de borrar la huella digital es, para mí, una señal clara de conciencia sobre lo ilícito de la operación.
Los dueños identificados : quiénes están detrás del centro estético ilegal
La propietaria mayoritaria de Sthetic Body Bogotá SAS es Ingrid Paola Masso Restrepo, una mujer de 31 años originaria de Pereira, en el departamento de Risaralda. Concentra el 99 por ciento de las acciones de la sociedad. El uno por ciento restante está registrado a nombre de Alcides de Jesús Mazo Quintero, también proveniente de Pereira.
Ninguno de los dos aparece en la base de datos del Ministerio de Salud, que es el registro oficial que acredita al personal médico autorizado para ejercer en Colombia. Ese punto lo vuelve todo más grave : no son profesionales de la salud que operaron fuera de norma, sino personas sin ninguna formación médica certificada que realizaban procedimientos sobre cuerpos humanos.
- Ingrid Paola Masso Restrepo : propietaria con el 99 % de las acciones, natural de Pereira.
- Alcides de Jesús Mazo Quintero : accionista minoritario con el 1 %, también de Pereira.
- Ninguno de los dos figura en el registro de personal médico del Ministerio de Salud.
- Ambos permanecían sin ubicar al cierre de las primeras informaciones publicadas.
Las autoridades intentaban establecer, además, si el vehículo gris en el que trasladaron a Adriana Manotas Rodríguez pertenece a alguno de los dos accionistas. Los teléfonos registrados a su nombre no tuvieron respuesta cuando se intentó contactarlos.
Este caso de clínica estética clandestina que conmocionó a Bogotá vuelve a poner sobre la mesa una pregunta urgente : ¿por qué siguen funcionando estos centros sin que nadie los detenga antes de que haya una víctima ?
Por qué este caso obliga a actuar antes de pedir turno en cualquier centro estético
La muerte de Adriana Manotas no es un accidente aislado. Es el patrón que se repite cuando alguien busca procedimientos estéticos a bajo costo sin verificar que el establecimiento opere con habilitación sanitaria vigente. Bogotá concentra decenas de locales que funcionan en pisos de edificios residenciales o comerciales, sin ninguna señalización médica, sin esterilización adecuada y sin protocolos de emergencia.
Antes de someterte a cualquier intervención, por menor que parezca, verifica estos puntos sin excepción :
Primero, que el establecimiento tenga habilitación sanitaria expedida por la Secretaría Distrital de Salud o la entidad territorial correspondiente. Segundo, que el profesional que realiza el procedimiento esté registrado en el RETHUS, el Registro del Talento Humano en Salud del Ministerio de Salud. Tercero, que el local cuente con equipos certificados y protocolo de manejo de emergencias visible.
Una empresa con 5 millones de pesos en activos que ofrece intervenciones estéticas no puede garantizar ninguno de esos tres puntos. Ese dato debería ser, por sí solo, señal de alarma suficiente para alejarse. El precio bajo nunca compensa el riesgo real que implica operar en estas condiciones. La vida de Adriana Manotas Rodríguez lo demuestra de la manera más dolorosa posible.
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