La tensión polÃtica en Colombia alcanza niveles inéditos mientras el paÃs se debate entre la retórica antiimperialista del presidente Gustavo Petro y una parte de la población que observa con simpatÃa las posturas de Donald Trump. Esta división revela fracturas profundas en la sociedad colombiana, especialmente en un año electoral crucial que definirá el rumbo de la nación sudamericana.
La estrategia electoral de la izquierda frente a Washington
Con las elecciones legislativas programadas para marzo y los comicios presidenciales previstos en junio, el discurso contra Estados Unidos se ha convertido en un arma polÃtica fundamental para los candidatos progresistas. Duvan Lopez, aspirante al Congreso por la capital, articula esta posición de manera contundente al calificar la relación histórica con Washington como una amistad envenenada. El candidato señala que los acontecimientos recientes en Venezuela demuestran cómo Estados Unidos considera el continente latinoamericano como un territorio donde puede imponer sus intereses sin restricciones.
Esta narrativa encuentra eco en sectores especÃficos del electorado. Pablo Suarez, estudiante universitario, resume la posición de quienes rechazan la influencia estadounidense : la defensa de la soberanÃa nacional implica proteger los recursos del paÃs frente al supuesto saqueo extranjero. Con el estandarte del M-19 en alto, movimiento guerrillero al que perteneció Petro en su juventud, estos manifestantes reivindican la lucha por la independencia nacional como un legado histórico que debe preservarse.
En Bogotá, las calles se han transformado en espacios de expresión polÃtica donde abundan las banderas colombianas como sÃmbolos de resistencia. Un grafiti aparecido en un puente vehicular marca una fecha especÃfica : “3 de enero de 2026, no olvidamos”. Estas manifestaciones urbanas reflejan cómo la población colombiana se encuentra atrapada entre diferentes visiones sobre el futuro del paÃs y su relación con las potencias extranjeras.
Las preocupaciones económicas y el pragmatismo empresarial
Rosa Luisa representa el rostro de una clase media cada vez más crÃtica con el primer gobierno de izquierda en la historia colombiana. Desde su peluquerÃa, esta mujer de cincuenta años expresa abiertamente su esperanza de que Trump intervenga en los asuntos colombianos. Para ella y muchos compatriotas, la estabilidad económica prima sobre las consideraciones ideológicas sobre soberanÃa nacional.
Los cÃrculos empresariales comparten estas inquietudes, aunque con matices diferentes. Jean-Claude Bessudo, empresario del sector turÃstico y miembro de la Cámara de Comercio americano-colombiana, adopta una postura tranquilizadora. Desde sus oficinas en Bogotá, minimiza las tensiones recientes entre los dos mandatarios, describiéndolas como simples escaramuzas verbales sin mayor trascendencia. Según su análisis, la relación bilateral se ha normalizado tras los encontronazos iniciales.
| Indicador económico | Impacto en Colombia |
|---|---|
| Exportaciones hacia EE.UU. | 28% de la producción nacional |
| Sectores dependientes | Comercio, turismo, agricultura |
| Empleo vinculado | Miles de puestos de trabajo directos e indirectos |
Esta dependencia económica explica por qué muchos empresarios observan con nerviosismo cualquier deterioro en las relaciones diplomáticas. La cifra del 28% de exportaciones dirigidas al mercado estadounidense representa una vulnerabilidad estratégica que ningún gobierno puede ignorar sin consecuencias.
El fin del alineamiento tradicional y nuevas alianzas
Durante más de un siglo, los gobiernos conservadores colombianos mantuvieron una relación fluida con Washington. Esta alianza se materializó en programas como el Plan Colombia, diseñado bajo supervisión de la CIA para combatir los grupos armados y el narcotráfico. Sin embargo, la llegada de Petro al poder hace cuatro años alteró esta dinámica histórica.
Sandra Borda, politóloga especializada en relaciones internacionales, identifica dos factores que explican esta transformación :
- La reorientación ideológica del gobierno colombiano hacia posiciones progresistas
- El enfoque transaccional de Trump, que rechaza los alineamientos tradicionales de polÃtica exterior
- La desconfianza mutua entre ambas administraciones sobre temas de seguridad y comercio
- Las presiones internas en Colombia para diversificar las relaciones internacionales
Según Borda, Trump no cree en las relaciones de alineamiento forjadas históricamente, lo que impide a Colombia mantener el modelo que funcionó durante décadas. Esta ruptura con la tradición diplomática obliga a Bogotá a buscar alternativas estratégicas.
China emerge como el socio alternativo más evidente. Los dos paÃses firmaron recientemente un tratado de cooperación que ya muestra resultados tangibles. Las empresas chinas lideran actualmente las obras del primer metro de Bogotá, previsto para entrar en servicio el próximo año. Esta presencia asiática en proyectos de infraestructura estratégica simboliza el cambio de paradigma en las alianzas colombianas.
Las movilizaciones populares y el simbolismo polÃtico
La Plaza de BolÃvar en Bogotá concentró decenas de miles de manifestantes convocados por el presidente Petro la semana pasada. Este acto masivo ilustra la capacidad de movilización que conserva el mandatario entre su base electoral, estimada en aproximadamente un tercio del electorado colombiano. Los asistentes agitaban sÃmbolos del M-19 y coreaban consignas contra el imperialismo estadounidense, recreando un ambiente que remite a las luchas revolucionarias latinoamericanas del siglo pasado.
Estas manifestaciones revelan una polarización que trasciende lo meramente polÃtico para convertirse en una cuestión identitaria. Para los seguidores de Petro, rechazar la influencia estadounidense equivale a reivindicar la dignidad nacional y defender los recursos naturales del paÃs. Para sus detractores, esta postura representa un riesgo inaceptable que podrÃa aislar a Colombia y comprometer su prosperidad económica.
El paÃs sudamericano se encuentra asà ante una encrucijada histórica : mantener la alianza tradicional con Estados Unidos o explorar nuevos caminos que prometen mayor autonomÃa pero también incertidumbre. La respuesta llegará con las urnas en los próximos meses.


