El 23 de mayo de 2026, Abelardo de la Espriella cerrĂł su campaña en Barranquilla con una imagen que nadie esperaba ver en la polĂtica colombiana : el candidato presidencial de extrema derecha vistiendo la camiseta amarilla de la selecciĂłn nacional, con el nĂşmero 10 y la palabra “Presidente” estampada en la espalda. Su esposa y sus hijos llevaban el mismo uniforme. Lo que parecĂa un gesto populista más se convirtiĂł, en pocas semanas, en el detonante de una disputa judicial sin precedentes en el paĂs.
Una victoria inesperada y una camiseta que lo cambiĂł todo
Ocho dĂas despuĂ©s de ese acto de campaña, De la Espriella obtuvo el 43,7 % de los votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales colombianas, llegando primero. SiguiĂł vistiendo el maillot amarillo incluso al recibir los resultados. Para sus seguidores, era un sĂmbolo de identidad nacional; para sus adversarios, una apropiaciĂłn calculada de un emblema que pertenece a todos los colombianos.
El segundo lugar lo ocupó Iván Cepeda, candidato de izquierda, con aproximadamente el 40,9 % de los sufragios. La diferencia entre ambos, apenas 2,8 puntos porcentuales, convierte la segunda vuelta en una carrera completamente abierta. Iván Cepeda, que buscará revertir el resultado en la segunda vuelta, no tardó en reaccionar ante el uso del maillot por parte de su rival.
El contexto importa. La selecciĂłn colombiana de fĂştbol participa en el Mundial 2026, y el paĂs vive una efervescencia deportiva sin igual. Usar la camiseta de Los Cafeteros en plena campaña no es un detalle neutro : es un movimiento de comunicaciĂłn polĂtica muy preciso, que apela al orgullo nacional en un momento de máxima visibilidad.
| Candidato | Tendencia polĂtica | % primera vuelta |
|---|---|---|
| Abelardo de la Espriella | Extrema derecha | 43,7 % |
| Iván Cepeda | Izquierda | 40,9 % |
La batalla judicial que nadie anticipaba
El 1 de junio, Cepeda acusĂł pĂşblicamente a De la Espriella de “robar” la camiseta nacional, al utilizarla como sĂmbolo personal de campaña. La acusaciĂłn no quedĂł en el plano retĂłrico. Tres dĂas más tarde, el 4 de junio, una jueza de Bogotá emitiĂł una orden contundente.
SegĂşn recoge el diario El Tiempo, que publicĂł el contenido Ăntegro de la resoluciĂłn, la magistrada ordenĂł a De la Espriella “poner fin de manera inmediata y definitiva” al uso del maillot como sĂmbolo identificador de su partido, su campaña o su imagen pĂşblica, ya sea en espacios fĂsicos o en cualquier medio de comunicaciĂłn.
Lo llamativo es que la acción judicial no la inició directamente Cepeda ni su equipo legal. Fue un ciudadano anónimo quien presentó la demanda, alegando sentirse discriminado y estigmatizado ante la proximidad del primer partido de Colombia en el Mundial. Este detalle revela algo importante : la polémica trasciende el duelo entre candidatos. Toca fibras identitarias mucho más profundas.
- El ciudadano demandante argumentĂł que el uso polĂtico del maillot lo excluĂa simbĂłlicamente como hincha.
- La jueza de Bogotá considerĂł que dicho uso podĂa generar confusiĂłn entre sĂmbolo deportivo nacional e imagen partidista.
- La orden judicial fue emitida con carácter inmediato, sin esperar a la segunda vuelta.
Frankamente, la velocidad con la que actuĂł la justicia colombiana sorprende. Que una resoluciĂłn de este tipo se produzca en plena campaña electoral, a dĂas del Mundial y antes de la segunda vuelta, tiene una dimensiĂłn polĂtica innegable, independientemente de su fundamento legal.
Deporte, polĂtica y sĂmbolos nacionales en Colombia
La instrumentalizaciĂłn de los sĂmbolos deportivos en campaña no es nueva, pero rara vez genera consecuencias judiciales tan concretas. El caso colombiano pone sobre la mesa una pregunta incĂłmoda : ÂżquiĂ©n es el dueño de la camiseta nacional ?
Desde el punto de vista legal, la camiseta de la selecciĂłn pertenece a la FederaciĂłn Colombiana de FĂştbol, que gestiona sus derechos de imagen y uso comercial. NingĂşn partido polĂtico ni candidato tiene autorizaciĂłn para apropiarse de ella como sĂmbolo de campaña. Esto, en principio, da sustento jurĂdico a la orden de la jueza bogotana.
Pero más allá del derecho, hay una dimensiĂłn simbĂłlica poderosa. El amarillo de la camiseta colombiana convoca a millones de personas de todas las tendencias polĂticas. Cuando un candidato la convierte en estandarte propio, divide lo que el deporte une. Eso explica la reacciĂłn visceral de muchos ciudadanos, incluido el demandante anĂłnimo.
De la Espriella no ha sido el primero en intentar esta apropiaciĂłn. En Brasil, Argentina o MĂ©xico, polĂticos de distintos colores han posado con camisetas nacionales durante campañas. Pero pocas veces la justicia ha intervenido tan rápidamente. El precedente colombiano podrĂa marcar una pauta para otros paĂses latinoamericanos donde el fĂştbol y la polĂtica comparten ese territorio fronterizo y siempre explosivo.
Para los votantes que acudirán a las urnas en la segunda vuelta, el debate sobre el maillot ya tiene vida propia, más allá de los programas electorales. Conviene recordar que en Colombia, con un Mundial en casa y unas elecciones reñidas, los sĂmbolos no son adorno : son armas polĂticas. Y a veces, como demuestra este caso, tambiĂ©n motivo de citaciĂłn judicial.
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