Colombia acelera carrera minera bajo presión estadounidense

Trabajadores en mina a cielo abierto tropical con maquinaria pesada

El 8 de septiembre de 2026, en Barranquilla, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio firmó con el gobierno colombiano un memorando sobre minerales críticos. Durante casi dos meses, nadie supo qué contenía ese documento. Fue el senador de izquierda Kevin Gómez Paz, del Pacto Histórico, quien lo filtró el 24 de octubre en X, desatando una tormenta política que el ejecutivo de Abelardo de la Espriella claramente no esperaba.

ĀæLa razón del secretismo ? Probablemente porque el texto, una vez leĆ­do, resulta incómodo. SegĆŗn el medio colombiano La Silla VacĆ­a, el acuerdo reserva a empresas e inversores estadounidenses un “acceso preferencial” a los proyectos mineros del paĆ­s. No es cooperación entre iguales : es una relación asimĆ©trica con condiciones muy concretas.

Un memorando que va mucho mÔs allÔ de la cooperación bilateral

TĆ©cnicamente, este documento no es jurĆ­dicamente vinculante. Colombia no firma una obligación legal en sentido estricto. Pero, francamente, eso no lo hace menos preocupante. Los compromisos polĆ­ticos de este tipo tienen una inercia real : una vez firmados, marcan el rumbo de las decisiones regulatorias y presupuestarias durante aƱos.

El memorando exige tres cosas concretas a BogotĆ” :

  1. Notificar previamente a Washington cualquier oportunidad de inversión relacionada con activos mineros estratégicos.
  2. Acelerar, simplificar y desreglamentar la concesión de permisos mineros en todo el territorio nacional.
  3. Realizar modificaciones en las normas ambientales y sociales que actualmente regulan la actividad extractiva.

Este patrón no es nuevo en la región. Argentina, Ecuador, PerĆŗ y Chile firmaron documentos similares cuando llegaron al poder gobiernos de derecha. Washington estĆ” construyendo, bloque a bloque, una red de proveedores latinoamericanos de minerales crĆ­ticos. La lógica detrĆ”s es clara : China controla el 91% del refinado de tierras raras a nivel mundial, y Estados Unidos lleva aƱos buscando la forma de reducir esa dependencia estructural.

Lo que distingue el caso colombiano es la exigencia de notificación previa. NingĆŗn otro acuerdo regional conocido habĆ­a llegado tan lejos en materia de subordinación de la soberanĆ­a económica. Gómez Paz no exageró al hablar de “capitulación” : la palabra es dura, pero describe algo real.

PaĆ­s Acuerdo firmado Gobierno
Argentina Memorando minerales crĆ­ticos Ultraderecha
Ecuador Memorando minerales crĆ­ticos Derecha
PerĆŗ Memorando minerales crĆ­ticos Derecha
Chile Memorando minerales crĆ­ticos Derecha
Colombia Memorando + notificación previa Ultraderecha (De la Espriella)

El potencial minero colombiano : promesas reales, vacĆ­os enormes

El gobierno de De la Espriella defiende el acuerdo con un argumento clĆ”sico : creación de empleo y dinamización de sectores estratĆ©gicos. Los minerales crĆ­ticos son ingredientes esenciales en la fabricación de telĆ©fonos móviles, vehĆ­culos elĆ©ctricos y tecnologĆ­a de defensa. Desde ese Ć”ngulo, posicionar a Colombia como proveedor tiene sentido económico.

El problema es que el paĆ­s llega a esta carrera con una desventaja estructural seria. Colombia ha construido históricamente su economĆ­a extractiva sobre tres pilares : oro, carbón y esmeraldas. Tiene yacimientos de cobre y nĆ­quel, sĆ­, pero carece de algo fundamental : una cartografĆ­a detallada de los recursos estratĆ©gicos de su subsuelo. No sabemos bien quĆ© hay, dónde estĆ” ni en quĆ© cantidad. Comprometerse a abrir ese subsuelo antes de conocerlo bien es, como mĆ­nimo, imprudente.

Para mí, este es el punto mÔs débil del acuerdo. Prometer acceso preferencial sobre recursos que no han sido evaluados en profundidad deja a Colombia en una posición negociadora muy débil frente a inversores que sí cuentan con sus propios estudios geológicos.

El Amazonas en el centro de la disputa

La clĆ”usula sobre modificación de normas ambientales y sociales es la que genera mĆ”s alarma entre ecologistas y comunidades indĆ­genas. Colombia alberga una porción significativa de la cuenca amazónica, uno de los ecosistemas mĆ”s frĆ”giles y biodiversos del planeta. Flexibilizar los estĆ”ndares de protección ambiental para facilitar permisos mineros en esas zonas no es solo un riesgo ecológico : es una apuesta que ya ha salido muy cara en otros paĆ­ses de la región.

Perú lo vivió en la década de 2010, cuando la presión por los permisos acelerados generó conflictos sociales graves en zonas como Cajamarca. Las comunidades locales pagaron el precio de decisiones tomadas en capitales lejanas con intereses muy distintos a los suyos.

En Colombia, el riesgo se multiplica porque el conflicto armado no ha desaparecido del todo. Zonas ricas en minerales coinciden con territorios donde aĆŗn operan grupos armados, lo que convierte la explotación acelerada en una receta para tensiones adicionales. El EjĆ©rcito venezolano bombardeó recientemente posiciones del ELN bajo presión de Washington : la geopolĆ­tica regional se estĆ” reconfigurando con rapidez, y Colombia estĆ” atrapada en ese tablero.

Lo que ningĆŗn memorando resuelve es la pregunta de fondo : ĀæquiĆ©n decide quĆ© se extrae, dónde y a quĆ© ritmo ? Mientras esa respuesta la den en Washington antes que en BogotĆ”, el debate sobre soberanĆ­a minera seguirĆ” siendo urgente, y la presión de la sociedad civil colombiana sobre este acuerdo, completamente justificada.

Luis RodrĆ­guez
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