El domingo 1 de noviembre de 2026, Colombia perdió a uno de sus personajes más singulares y contradictorios, en el buen sentido del término : Antonio Navarro Wolff, ex comandante guerrillero convertido en arquitecto constitucional, falleció a los 78 años. El Espectador, referente del periodismo progresista bogotano, dedicó su portada del 2 de noviembre a esta figura con una frase que lo resume todo : “La paz es el camino a seguir”. No fue un titular de circunstancias. Fue un epitafio político.
Del fusil a la Constitución : una trayectoria sin precedentes
Navarro Wolff nació en Pasto, en el departamento de Nariño, en el sur del país. Ingeniero sanitario de formación, se integró al M-19 durante los años setenta, el movimiento guerrillero de izquierda que se distinguía de las FARC tanto por su estética urbana como por sus acciones de alto impacto simbólico. Escaló rápidamente dentro de la organización hasta convertirse en uno de sus líderes más visibles.
Su vida estuvo marcada por la violencia, pero nunca determinada por ella. Sobrevivió a un atentado con granada que le dejó secuelas físicas permanentes, incluyendo dificultades en el habla. Sin embargo, siguió hablando. Siguió negociando. Siguió construyendo.
En 1990, participó activamente en la desmovilización del M-19 y en su transformación en partido político. Cuando Carlos Pizarro, candidato presidencial y jefe del movimiento, fue asesinado en plena campaña electoral, muchos esperaban una respuesta armada. Navarro eligió otro camino. Sus palabras ante el féretro de Pizarro quedaron grabadas en la memoria colectiva colombiana :
“Vamos a enterrar a Carlos con calma. Nadie aquí siente más dolor y más rabia que nosotros, los del M-19, pero tenemos que ser capaces de manejarlo.”
Esa capacidad de contener la rabia sin traicionar las convicciones define, mejor que cualquier cargo, quién fue este hombre.
| Cargo o función | Período aproximado |
|---|---|
| Comandante del M-19 | Años 70-1990 |
| Ministro de Salud (primer ex guerrillero en el cargo) | 1990-1991 |
| Copresidente de la Asamblea Constituyente | 1991 |
| Alcalde de Pasto | Período posterior |
| Gobernador de Nariño | Período posterior |
| Senador de la República | Varias legislaturas |
Fue el primer ex guerrillero en dirigir un ministerio en Colombia. Un dato que hoy parece casi imposible de imaginar en un país donde la polarización política alcanza niveles históricos.
La Constitución de 1991 y el último testigo de un pacto histórico
Navarro Wolff fue uno de los tres copresidentes de la Asamblea Constituyente de 1991, junto al liberal Horacio Serpa y al conservador Álvaro Gómez. Ese trío improbable presidió la redacción de una Constitución que reunió en la misma sala a indígenas y aristócratas, socialistas y religiosos, mestizos y políticos tradicionales. El texto resultante sigue siendo, con sus defectos, uno de los documentos políticos más inclusivos de América Latina.
Con su muerte, Colombia pierde al último copresidente vivo de aquella asamblea. La periodista Yolanda Ruiz lo escribió con precisión en El País América : “Con él se va todo un tramo de la historia”. No es una metáfora vacía. Es un diagnóstico.
El diario El Colombiano destacó en su editorial la “coherencia” de Navarro Wolff, señalando que desde cada función que ocupó :
- Llegó a acuerdos sin abandonar sus principios ideológicos.
- Gobernó sin convertir al adversario en enemigo.
- Dialogó con aliados y rivales con la misma disposición.
- Respaldó el acuerdo de paz de 2016 con las FARC sin olvidar que él mismo había empuñado las armas.
Francamente, esa combinación de firmeza ideológica y apertura al diálogo es una rareza en cualquier contexto político. En Colombia, con sesenta años de conflicto armado a cuestas, resulta casi excepcional.
Un adiós que atravesó todo el espectro político
Sus funerales tuvieron lugar el martes 3 de noviembre en la intimidad familiar. Sin aparato de Estado, sin discursos oficiales ante las cámaras. Pero los homenajes llegaron desde todos los ángulos del mapa político colombiano. El expresidente Gustavo Petro, él mismo antiguo militante del M-19, le rindió tributo público. También lo hizo el ex presidente de derecha dura Álvaro Uribe, una figura que representa casi todo lo contrario en términos ideológicos.
Que dos figuras tan opuestas confluyan en un mismo reconocimiento no es anecdótico. El País América lo subrayó con razón : ese gesto “reviste gran importancia en estos tiempos marcados por el odio recíproco y la incapacidad de ver la diferencia con respeto”. Para mí, ese detalle dice más sobre el legado de Navarro que cualquier discurso.
Hubo, sin embargo, un silencio elocuente. Abelardo de la Espriella, actual presidente de extrema derecha, no emitió ninguna declaración. El mismo mandatario que relanzó recientemente vastas operaciones militares contra guerrillas y carteles. Su mutismo contrasta con la unanimidad del resto del espectro político y no pasa desapercibido.
El conservador El Tiempo publicó un editorial en el que destacaba que Navarro comprendió algo fundamental : es por la vía democrática, no por la violencia, como se construye un país. Una lección que sigue sin aprenderse del todo. Mientras Colombia debate el fracaso de distintas iniciativas de negociación, como ilustra la cancelación de negociaciones de paz total con grupos armados, la figura de Navarro adquiere una dimensión casi profética. Su biografía, de la clandestinidad a la Constitución, no es solo un relato individual. Es el mapa de lo que Colombia podría llegar a ser si eligiera, de verdad, el camino que él señaló.
- Adiós a Antonio Navarro Wolff : el paladín de la paz colombiana - noviembre 4, 2026
- Homicidio en hotel bogotano : pistas sobre sacerdote asesinado - noviembre 4, 2026
- Judicializan a 14 miembros de ‘Los Usurpadores’ - noviembre 1, 2026


