El hotel Casa Santa MarÃa, ubicado en la carrera 10 con calle 22, en el barrio San Diego del centro de Bogotá, carga con una historia que muy pocos conocen. No es la primera vez que sus pasillos quedan acordonados por el CTI de la FiscalÃa. El lunes 2 de noviembre de 2026, en la mañana, un hombre fue asesinado en una de las habitaciones del segundo piso de este edificio de 9 pisos. Lo que parecÃa un crimen aislado empieza a revelar conexiones inquietantes con un pasado marcado por la sangre, la fe y la ambición.
Un venezolano asesinado frente a su familia en plena mañana bogotana
La vÃctima era un ciudadano venezolano de aproximadamente 33 años. No estaba solo. Fuentes judiciales confirmaron a los medios que el hombre se encontraba acompañado de su esposa y sus dos hijos en el momento del ataque. “Los asesinos lo identificaron y le dispararon. La vÃctima estaba de paso”, declaró una fuente cercana al proceso. No fue un crimen oportunista ni un robo que se salió de control.
Dos sicarios ejecutaron la operación con precisión. Tras los disparos, huyeron en motocicletas que los esperaban en el exterior del hotel. Las autoridades recogen actualmente grabaciones de cámaras de seguridad internas y del sector, además de testimonios de vecinos del inmueble, para identificar a los responsables. El operativo fue rápido, calculado y, sobre todo, premeditado.
Este tipo de crÃmenes no surge en el vacÃo. el sicariato en Bogotá responde muchas veces a planes estructurados contra personas o familias especÃficas, como lo revelan otros casos recientes en la capital. La pregunta que persiste aquà es : ¿quién ordenó el asesinato y por qué ese hotel ?
El rastro de ‘el padre Chucho 2’ : un sacerdote ortodoxo con historia en ese mismo lugar
La respuesta puede estar enterrada en mayo de 2012, cuando Jesús MarÃa Parra Lozano, sacerdote ortodoxo conocido popularmente como el padre Chucho 2, fue asesinado en ese mismo hotel. El apodo le venÃa por la comparación espontánea que hacÃan sus fieles con el célebre sacerdote católico del mismo nombre. Parra Lozano era una figura reconocida en la zona : congregaba a sus seguidores en parte del edificio para realizar ritos de sanación y era, además, el propietario del inmueble.
Su muerte no fue un accidente. Según la FiscalÃa, el móvil habrÃa sido un ajuste de cuentas. El sacerdote poseÃa otro predio en la calle 22 con Caracas que fue ocupado por una banda criminal conocida como la Fortaleza, dedicada al microtráfico. Parra Lozano los desalojó. La banda respondió con un sicario. O más bien, con dos.
| Aspecto | Detalle |
|---|---|
| Fecha del crimen | Mayo de 2012 |
| VÃctima | Jesús MarÃa Parra Lozano, sacerdote ortodoxo |
| Sicarios condenados | Yesid Alejandro López y Pedro Luis Mapalacios |
| Condena | 27 años y 3 meses de prisión por homicidio |
| Móvil investigado | Venganza por desalojo de banda criminal |
Yesid Alejandro López y Pedro Luis Mapalacios fueron identificados, procesados y condenados a 27 años y 3 meses de prisión por ese crimen. Un fallo firme, pero que no cerró todos los flecos del caso.
Más de 25 herederos y una banda criminal : las pistas que siguen abiertas
Cuando Parra Lozano murió, dejó tras de sà un legado complicado. No solo la memoria de sus ritos y fieles, sino también bienes inmuebles registrados a su nombre que desencadenaron una disputa legal entre, al menos, 25 herederos. La titularidad del hotel Casa Santa MarÃa y de otras propiedades quedó en el centro de un conflicto familiar que, según fuentes judiciales, sigue sin resolverse completamente.
Los investigadores barajan actualmente varias lÃneas de trabajo para el crimen del 2 de noviembre de 2026. Las más concretas apuntan a dos frentes :
- La disputa patrimonial entre los numerosos herederos del sacerdote, que convierte los inmuebles en un foco de tensión sostenida.
- La presencia activa de la banda la Fortaleza en esa zona del centro bogotano, con actividades documentadas de microtráfico, extorsiones y prostitución.
Ninguna hipótesis se descarta. La vÃctima venezolana del 2026 podrÃa haber tenido vÃnculos con alguna de estas tramas, estar involucrada en la gestión del hotel, o simplemente haber cruzado el camino equivocado en el momento menos indicado. Los investigadores del CTI trabajan sin descanso para establecer qué une ambos crÃmenes, si es que algo los une más allá del mismo edificio.
Lo que resulta innegable es que el Casa Santa MarÃa no es solo un hotel. Es un escenario con capas. Un lugar donde la historia judicial se acumula piso a piso, y donde la herencia disputada de un cura ortodoxo sigue proyectando su sombra sobre todo lo que ocurre entre sus paredes. Si las autoridades logran desenredar la trama familiar y patrimonial detrás de Parra Lozano, es probable que encuentren ahà la clave del segundo homicidio. Seguir ese hilo, el de los herederos y la banda, parece hoy la apuesta más sólida de la investigación.
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