El 18 de junio de 2026, a las cuatro de la mañana, millones de colombianos se pegarán a la pantalla para ver a la Selección Colombia enfrentarse a Uzbekistán en su debut mundialista. Ivan Rua, que lleva viviendo en Dijon desde 2009, no será el único que pierda el sueño esa noche. A sus 50 años, este nativo de Cali lleva la pasión por la Tricolor tatuada en el alma, aunque reconoce que su entusiasmo no llega ni a la suela del zapato de su madre.
Un colombiano en Dijon : el fútbol como hilo invisible
Ivan Rua llegó a Francia con 33 años, siguiendo a su antigua compañera dijonnaise. Diecisiete años después, la adaptación ya es un capítulo superado, aunque los primeros tiempos —sobre todo en lo profesional— no fueron nada fáciles. Hoy, muchos en Dijon lo conocen por su faceta musical : cada sábado a las 17 horas anima el programa Buena vibra en Radio Campus, y organiza regularmente veladas donde pincha música latina.
El fútbol le gusta, sí. Pero lo que siente él es apenas un eco comparado con el fervor de su madre. «Ella sería capaz de comprarse una televisión nueva solo para el Mundial. De pagar suscripciones para seguir campeonatos en África, y eso que vive en Colombia», cuenta Ivan entre risas. Esa anécdota lo dice todo sobre la intensidad con la que el país vive cada edición del torneo.
Colombia tiene 51 millones de habitantes y una relación con el fútbol que va mucho más allá del deporte. Ivan lo explica sin rodeos : «En Colombia, el fútbol es muy importante, igual que en todos los países latinos. Genera tanta alegría como situaciones muy violentas». Una frase que no deja lugar a interpretaciones y que remite directamente a uno de los episodios más oscuros del fútbol sudamericano.
En 1994, Andrés Escobar, jugador de la selección colombiana, fue asesinado diez días después de marcar un gol en propia meta durante el segundo partido del país en el Mundial. Ese hecho, que sacudió al mundo entero, ilustra hasta qué punto el fútbol puede convertirse en algo que supera con creces el terreno de juego. Ivan lo recuerda con sobriedad : para muchos aficionados colombianos, los resultados de la Selección no son un simple tema de conversación.
De Italia 1990 a Brasil 2014 : la memoria mundialista de Colombia
Hay recuerdos que no se olvidan. Para Ivan Rua, uno de los más vívidos data de 1990, cuando Colombia participó en el Mundial de Italia. En la fase de grupos, la Tricolor se enfrentó a la Alemania del Oeste y le arrancó un empate en el minuto 90. «Todo el país estaba en la calle. Todavía me pone la piel de gallina», recuerda el colombiano. Una emoción pura, colectiva, que no necesita explicación.
Aquella selección llegó hasta octavos de final. Luego vinieron años de sequía mundialista, hasta que Brasil 2014 marcó el punto más alto de Colombia en una Copa del Mundo : los cuartos de final. Esa edición sigue siendo la referencia, la cima a superar. Y es precisamente lo que Ivan pide para 2026 : «Que lleguen al menos a cuartos».
Colombia regresa al Mundial tras su ausencia en Qatar 2022. El grupo K en el que ha caído presenta un recorrido exigente pero no imposible. Aquí está el calendario completo de la fase de grupos :
| Fecha | Partido | Hora (hora francesa) |
|---|---|---|
| 18 de junio | Colombia vs Uzbekistán | 04 :00 |
| 24 de junio | Colombia vs RD Congo | 04 :00 |
| 28 de junio | Colombia vs Portugal | 01 :30 |
El último partido, frente a Portugal, será el gran test. Si Colombia llega a ese choque con opciones, la noche del 28 de junio promete ser histórica para los aficionados colombianos repartidos por el mundo, incluidos los que viven en Borgoña.
El Mundial como momento político y símbolo de unidad nacional
Ivan Rua no se queda en lo deportivo. Para él, este Mundial tiene una carga política innegable. Las elecciones presidenciales colombianas se celebrarán justo antes del inicio de la competición, en un contexto de polarización social que hace que la selección represente algo más que once jugadores en un campo.
«El país necesita esta alegría y esta unidad», afirma Ivan con convicción. No es una frase hecha : la historia reciente de Colombia muestra que los grandes éxitos deportivos han funcionado como válvulas de escape y como catalizadores de identidad colectiva. Que la Copa del Mundo llegue en ese momento no es casual.
Hay otro elemento que Ivan destaca con firmeza : la sede del torneo. El Mundial 2026 se organiza principalmente en Estados Unidos, y eso, para cualquier aficionado latinoamericano, añade una capa extra de motivación. Sus palabras son claras : «Creo que cualquier país latino va a tener las ganas de ganar en Estados Unidos». Una declaración que resume el orgullo colectivo de un continente entero.
Para entender lo que Colombia se juega en este torneo, basta con considerar estos tres ejes :
- El regreso tras cuatro años de ausencia mundialista, que convierte cada partido en una oportunidad de reivindicación.
- La necesidad de cohesión social en un país que afronta un ciclo electoral tenso y divisivo.
- La rivalidad simbólica con la sede estadounidense, que enciende el orgullo latinoamericano más allá de lo estrictamente futbolístico.
Ivan Rua seguirá el torneo desde Dijon, probablemente con los ojos bien abiertos a las cuatro de la mañana del 18 de junio. Franquement, para alguien que lleva diecisiete años lejos de su país, ver a la Tricolor competir en un Mundial no es solo un partido : es un trozo de casa que aparece en la pantalla.
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