El 8 de septiembre de 2026, Marco Rubio aterrizó en Barranquilla con un mensaje claro : las relaciones entre Estados Unidos y Colombia entran en una nueva etapa. Tras cuatro años de tensiones bajo el gobierno de Gustavo Petro, el secretario de Estado norteamericano llegó dispuesto a cerrar ese paréntesis, alternando entre inglés y español ante las cámaras, sin rodeos.
Rubio y De la Espriella : el reencuentro que redefine las relaciones bilaterales
Abelardo de la Espriella asumió la presidencia de Colombia en agosto de 2026, relevando a Petro, el primer mandatario de izquierda en la historia del país. El cambio fue inmediato. Rubio no tardó en describir los cuatro años anteriores como “una muy mala gestión”, prometiendo de forma explícita restaurar los vínculos y construir una cooperación sin precedentes con Bogotá.
Entre ambos dirigentes existe una relación previa. Rubio bromeó públicamente con que conocía a De la Espriella desde antes de que el abogado y empresario “perdiera la cabeza y se metiera en política”. Elogió su energía y su valentía. Ese tono distendido, casi cómplice, marcó el tono de la jornada entera en la ciudad caribeña.
El propio De la Espriella subrayó que los dos países retomaban una alianza “interrumpida durante cuatro años” y anunció que Colombia aspira a convertirse en el principal socio de seguridad de Washington en América del Sur. Desde que tomó posesión, ha intensificado operaciones contra grupos armados vinculados al narcotráfico y ha reforzado la cooperación militar con Estados Unidos.
Durante la visita se firmaron acuerdos concretos en dos áreas estratégicas :
- Suministro de minerales críticos para la industria tecnológica y de defensa
- Cooperación nuclear civil, un ámbito prácticamente inédito en la relación bilateral
Rubio también adelantó que Washington mantiene conversaciones para aliviar aranceles sobre productos colombianos, a petición de Bogotá, con el fin de apoyar la reconstrucción tras el terremoto del 10 de agosto. Sin embargo, no realizó ningún anuncio formal al respecto.
La doctrina Donroe y el giro conservador en América Latina
Colombia no es un caso aislado. Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, al menos siete países de la región, entre ellos Argentina, Chile, Ecuador y Honduras, han transitado hacia posiciones conservadoras más o menos explícitas. Rubio lo interpretó sin ambigüedad : “Se inscribe en una tendencia del hemisferio occidental hacia el alineamiento con Estados Unidos”.
Ese alineamiento tiene nombre : la doctrina Donroe, contracción del nombre del presidente y del apellido de James Monroe, el quinto presidente estadounidense que hace más de dos siglos proclamó a América Latina como zona de influencia exclusiva de su país. Washington no disimula su voluntad de recuperar esa hegemonía continental.
Colombia ya forma parte del “Escudo de las Américas”, la coalición liderada por Trump para combatir el narcotráfico regional. Rubio anunció en una tribuna que Perú también se ha sumado a esa iniciativa, añadiendo : “Sincronizamos esfuerzos para proteger nuestro hemisferio de las amenazas transnacionales”.
| País | Líder actual | Orientación política | Relación con EE.UU. |
|---|---|---|---|
| Colombia | Abelardo de la Espriella | Derecha dura | Alianza reforzada |
| Ecuador | Daniel Noboa | Centro-derecha | Operaciones conjuntas activas |
| Perú | Keiko Fujimori | Derecha | Incorporación al Escudo de las Américas |
Tras Barranquilla, Rubio se desplazó a Ecuador, donde junto al presidente Noboa se desarrollan operaciones contra embarcaciones vinculadas al grupo criminal Los Choneros. La última escala fue Perú, gobernado desde finales de julio por Keiko Fujimori, una de las aliadas más sólidas de Trump en el continente.
Venezuela, la sombra china y el negocio del petróleo
Esta gira latinoamericana se produjo apenas días después de que Estados Unidos cerrara un acuerdo con Venezuela para obtener el control mayoritario sobre más de 65.000 millones de barriles en reservas petroleras, siete meses después de la captura de Nicolás Maduro. Rubio no ocultó la satisfacción geopolítica del acuerdo : esas reservas “estaban bajo el control de China, Rusia e Irán”, y según él “estarán mejor en manos de Estados Unidos”.
La presencia de Pekín en América Latina preocupa a Washington desde hace años. La contraofensiva diplomática y económica de la administración Trump pasa precisamente por consolidar alianzas con los nuevos gobiernos de derecha, reducir los márgenes de influencia china y garantizar el acceso a recursos estratégicos como los minerales críticos que Colombia puede suministrar.
Sobre seguridad, Rubio fue directo. Colombia necesita “equipos, inteligencia y formación especializada”, dijo. Y aclaró que los colombianos no han pedido el despliegue de tropas estadounidenses en su territorio. La cooperación, por ahora, se articula en formación técnica y respaldo logístico, no en presencia militar directa.
Frankamente, lo que se firmó en Barranquilla el 8 de septiembre de 2026 va mucho más allá de un gesto diplomático. Los acuerdos sobre minerales y energía nuclear civil sientan las bases de una interdependencia estructural que difícilmente se deshará con el próximo cambio de gobierno. La pregunta real no es si el eje Bogotá-Washington se consolida, sino hasta dónde está dispuesta Colombia a ceder soberanía en nombre de esa alianza.
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